Las almas piadosas se deleitan en contemplar aquellas misericordias que han obtenido en respuesta a la súplica, pues pueden ver en ellas el amor especial de Dios. Cuando podemos llamar a nuestras bendiciones Samuel, es decir, "pedido a Dios", nos serán tan queridas como le fue su hijo a Hannah. Penina tuvo muchos hijos, pero llegaron como bendiciones comunes no buscadas en oración; el único hijo dado por el cielo a Hannah era mucho más querido, porque era fruto de ruegos fervientes.
¡Cuán dulce fue para Sansón el agua que halló en "el pozo del que oraba"! Las copas de Quasia amargan todas las aguas, pero la copa de la oración pone dulzura en los tragos que trae. ¿Oramos por la conversión de nuestros hijos? ¡Cuán doblemente dulce, cuando son salvos, ver en ellos nuestras propias peticiones cumplidas! Mejor es alegrarnos de ellos como fruto de nuestros ruegos que como fruto de nuestros cuerpos. ¿Hemos pedido al Señor algún don espiritual escogido? Cuando nos llegue, vendrá envuelto en el paño de oro de la fidelidad y la verdad de Dios, y así será doblemente precioso. ¿Hemos suplicado éxito en la obra del Señor? ¡Cuán gozosa es la prosperidad que llega volando sobre las alas de la oración! Siempre es mejor hacer entrar las bendiciones a nuestra casa por el camino legítimo, por la puerta de la oración; entonces son bendiciones en verdad, y no tentaciones.
Aun cuando la oración no obtiene pronta respuesta, las bendiciones se vuelven más ricas por la demora; el niño Jesús fue aún más hermoso a los ojos de María cuando lo halló después de haberlo buscado con aflicción. Lo que ganamos por oración, deberíamos dedicarlo a Dios, como Hannah dedicó a Samuel. El don vino del cielo; que vuelva al cielo. La oración lo trajo, la gratitud cantó sobre él, que la devoción lo consagre. Aquí habrá una ocasión especial para decir: "De lo tuyo, he dado a ti". Lector, ¿es la oración tu elemento o tu cansancio? ¿Cuál?
Fuente y atribución
Autor original: Charles Spurgeon
Título original: September 19 — Evening
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Charles Spurgeon, publicado originalmente en Grace Gems.