Muchos del pueblo del Señor trabajan bajo dudas y temores, interrogantes y sospechas acerca de la realidad de la obra de gracia en sus corazones; si sus convicciones no fueron meras convicciones de conciencia natural y si sus goces fueron otra cosa que los goces del hipócrita. «¡Oh», dicen, «qué no daría por tener un testimonio divino de que el bendito Espíritu me guía por el camino correcto!». Pues bien, es a través de esas mismas dudas como se obtiene la evidencia. Las dudas llevan a clamores y gemidos por un testimonio divino; y en respuesta a esos clamores se da el testigo celestial. Un hombre sin dudas está sin testimonios.
Los testimonios son Ebenezer, «piedras de ayuda»; pero la piedra necesita un hoyo cavado para sostenerse, y ese hoyo es la duda. Las dudas de salvación son a las manifestaciones de salvación lo que el hambre a la comida, la desnudez al vestido, la tempestad al refugio, la horca al indulto y la muerte a la resurrección. Lo uno precede, prepara y abre camino a lo otro. Así, junto a los testimonios, lo mejor son las dudas espirituales. Saber que estamos en lo cierto es lo mejor; temer que estamos equivocados es lo segundo mejor. Hablo, nótese, solo de dudas espirituales; las dudas naturales están tan lejos de la salvación como las esperanzas naturales.
No aprendemos ni a Dios ni a nosotros, ni el pecado ni la salvación, en un día. La cuestión no es tanto si tienes mucha fe, sino si tienes alguna. No es cantidad, sino calidad; no si tienes una religión muy grande, sino si tienes alguna. Un grano de fe verdadera salvará el alma; y he conocido muchas temporadas en que habría estado contento de sentir cierto que tenía la milésima parte de un grano.
Fuente y atribución
Autor original: J. C. Philpot
Título original: July 29
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.