Las excelencias que vemos en un creyente
«Él nos salvó y nos llamó a una vida santa, no por nada que hayamos hecho, sino por su propio propósito y por su gracia. Esta gracia nos fue dada en Cristo Jesús antes del principio de los tiempos». 2 Timoteo 1:9
Aquellos a quienes el Salvador escogió en la eternidad, a su debido tiempo son llamados eficazmente por el poder de Dios a la santidad. Dejan sus pecados, se esfuerzan por ser semejantes a Cristo, eligen la santidad, no por ninguna compulsión, sino por una nueva naturaleza que los lleva a deleitarse en la santidad con la misma naturalidad con que antes se deleitaban en el pecado. Dios no los escogió ni los llamó porque fueran santos, sino que los llamó para que fueran santos.
Las excelencias que vemos en un creyente son tanto obra de Dios como la misma expiación. Así se pone de manifiesto con toda dulzura la plenitud de la gracia de Dios.
La salvación debe ser de gracia, porque el Señor es su autor. ¿Qué motivo, sino la gracia, podría moverlo a salvar a los culpables y merecedores del infierno?
La salvación debe ser de gracia, porque el Señor obra de tal manera que nuestra justicia queda excluida para siempre.
Fuente y atribución
Autor original: Charles Spurgeon
Título original: Spurgeon Treasures — The excellencies that we see in a believer
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Charles Spurgeon, publicado originalmente en Grace Gems.