(Por Joseph Alleine, autor de «Una alarma a los pecadores no convertidos»)
La voz del heraldo
¡Oh todos vosotros, habitantes del mundo, y moradores de la tierra, venid, ved y oíd; congregaos hacia la proclamación del gran Rey! Oíd, vosotros los que estáis lejos, y vosotros los que estáis cerca. El que tenga oídos para oír, oiga. Yo soy la voz de uno que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor. Sea exaltado todo valle, y abatido todo monte, porque la gloria del Señor ha de ser revelada. Pasad, pasad por las puertas, preparad el camino. Allanad, allanad la calzada; removed las piedras, alzad el estandarte para el pueblo; porque el Señor proclama salvación hasta los confines de la tierra. ¡Nuevas, nuevas, oh cautivos! Oíd, todos vosotros los que esperáis la salvación en Israel; he aquí, os traigo nuevas de gran gozo, que serán para todo el pueblo. ¡Bienaventuradas nuevas! Apercibid vuestros oídos y vuestros corazones. El Señor me ha mandado, diciendo: Ve al pueblo y santifícalo; que se laven y estén listos, porque el Señor descenderá sobre el monte Sion, a la vista de todas las naciones. No en terremotos y fuego, no en nubes y oscuridad, no en truenos y conmociones, desgarrando los montes y rompiendo las peñas en pedazos. No os habla desde la negrura y la oscuridad y la tempestad; no diréis más: Que no nos hable Dios, no muramos; él viene pacíficamente, la ley de bondad está en su boca, él predica paz; paz al que está lejos, y al que está cerca.
He aquí cómo viene, saltando sobre los montes; ha pasado el monte Ebal—ya no hay ira ni maldición; ha venido al monte Gerizim, donde se detiene para bendecir al pueblo: como Mardoqueo a su nación, escribe las palabras de verdad y de paz, buscando el bienestar de su pueblo y hablando paz a toda su descendencia.
He aquí cómo viene, vestido de llamas de amor, con afectos de compasión, redención copiosa y perdones multiplicados. ¡Oh, cuán lleno está su amor! ¡Oh, la ternura de sus compasiones! ¡Oh, cuán lleno está su corazón, doliéndose hasta que se alivia al saciar a sus hijos hambrientos!
Escuchad pues, oh hijos, escuchadme. A vosotros se os manda, oh pueblos, naciones y lenguas, que en cuanto oigáis el son de gozo, la trompeta del jubileo, las nuevas de paz en la voz del evangelio eterno, os postréis delante del trono, y adoréis a Aquel que vive por los siglos de los siglos.
Levantaos y venid; preparaos, preparaos; no oigáis con oído incircunciso; no estáis ante algo común. He aquí, el trono está puesto, el trono de la gracia, donde moran juntamente la majestad y la misericordia; desde allí os saldrá al encuentro el Señor, desde allí conversará con vosotros, desde el propiciatorio, de entre los querubines, sobre el arca del testimonio. He aquí, el Señor sale de su pabellón, el Dios fuerte desde Sion. Selah. Su gloria cubre los cielos, la tierra está llena de su alabanza. Un fuego de amor va delante de él, la misericordia y la verdad le rodean, la justicia y la paz son la habitación de su trono; él cabalga sobre sus caballos y sus carros de salvación, el pacto de vida y de paz está en su boca.
Regocijaos, cielos, haced resonar alabanza jubilosa al Señor, toda la tierra. Ruja el mar, batan las manos las inundaciones, y las multitudes de las islas se regocijen. Salid, ejército de los cielos, apercibid vuestras arpas, echad abajo vuestras coronas, estad prestos con vuestras trompetas, sacad vuestros vasos de oro llenos de aromas; porque nuestras voces discordarán, nuestras cuerdas se romperán, no podemos alcanzar la nota de la alabanza de nuestro Hacedor.
Con todo, levántense y canten los que habitan en el polvo. Llevad vuestra parte en este glorioso servicio, pero considerad y estad atentos. Llamad a vuestras almas, y a todo lo que hay dentro de vosotros. Alzad vuestras voces, fijad vuestros ojos, ensanchad vuestros corazones, ejercitad todos sus poderes; hay obra para todos. Sed intencionales y fervorosos; no podéis elevar demasiado alto el tono.
Salid, vosotras, gracias, adornad el camino, estad todas apercibidas. Poneos de pie, fe y esperanza; resplandece, oh amor; venid, deseos fervientes, y estallad de anhelos. Que el temor, con toda veneración, haga su reverencia. Gozo, apercibe tus cánticos, convoca a todas las hijas de la música para saludar al Señor cuando pase. Aparezcan las generaciones de los santos, y esparzan el camino con ramas y vestiduras de salvación, y cánticos de liberación. Vosotros estáis hoy todos delante del Señor vuestro Dios, vuestros jefes, vuestros ancianos, vuestros oficiales, con todos los hombres de Israel, vuestros pequeños, vuestras mujeres, y el extranjero que está en vuestro campamento, desde el leñador hasta el aguador; para que entréis en pacto con el Señor vuestro Dios, y en su juramento, que el Señor vuestro Dios hace con vosotros hoy: para confirmaros hoy por pueblo suyo, y para que él os sea por Dios, como os ha dicho, y como ha jurado. (Deuteronomio 29:10-13).
He cumplido mi embajada. El mensajero de la mañana desaparece; cuando el Sol oriental salga de sus cámaras, yo me desvanezco. Pongo mi boca en el polvo. ¡La voz del Señor! ¡La voz suave y apacible! Oh alma mía, envuelve tu rostro en tu manto, e inclínate hasta el suelo, y escóndete en la hendidura de la peña, mientras Jehová proclama su nombre, y hace pasar toda su bondad delante de ti.
La voz del Señor
Oíd, oh confines de la tierra, el Dios fuerte, el Señor ha hablado: Congregad a mis santos hacia mí, los que han hecho pacto conmigo por sacrificio. He aquí, yo establezco mi pacto entre mí y vosotros. Por mi santidad he jurado, que seré vuestro amigo del pacto. Alzo mi mano al cielo, y juro que vivo para siempre; y porque yo vivo, vosotros también viviréis. Seré vuestro—vuestro en todo sentido y propósito: vuestro refugio y vuestro reposo; vuestro protector y vuestra porción; vuestra heredad y vuestra esperanza; vuestro Dios y vuestro guía. Mientras yo tenga, nunca os faltará; y lo que yo soy para mí mismo, eso seré para vosotros. Y vosotros seréis mi pueblo, una generación escogida, un reino de sacerdotes, una nación santa, un tesoro peculiar para mí sobre todos los pueblos. Llamo hoy a los cielos y a la tierra por testigos, de que os tomo para mí para siempre. Mi nombre estará sobre vosotros, y seréis columnas en el templo de vuestro Dios, y no saldréis jamás.
Vestiréis mi librea, y llevaréis la estampa de mi propio rostro; y os haré mis testigos, y las epístolas de Cristo para el mundo, y seréis vasos escogidos para llevar mi nombre delante de los hijos de los hombres. Y para que veáis que hablo con vosotros en serio, he aquí, hago con vosotros un pacto eterno, ordenado en todo y seguro; y os lo entrego aquí solemnemente como mi acto y escritura, sellado con sangre sagrada, y ratificado con el juramento de Dios, un Dios que no puede mentir, que no conoce lugar para arrepentimiento. Venid, benditos, recibid el instrumento de vuestra salvación; tomad los escritos, he aquí los sellos; aquí están las cesiones del reino. No temáis, la donación es libre y plena. Ved, está escrito en sangre, fundado en los méritos suficientísimos de vuestra Fiadora, en quien tengo complacencia; cuya muerte hace este testamento inmutable para siempre; de modo que vuestros nombres nunca podrán ser borrados, ni vuestra heredad enajenada, ni vuestros legados disminuidos; nada podrá ser alterado, nada añadido, nada quitado, no, ni jamás. ¡Oh Israel, cuán bienaventurado eres! ¿Quién como tú, oh pueblo? Solamente creed, y conoced vuestra propia bienaventuranza. Atended, oh hijos míos, a las bendiciones de vuestro Padre; y oíd y conoced,
I. LAS GLORIOSAS INMUNIDADES y LAS REGIAS PRERROGATIVAS que aquí confirmo sobre vosotros.
1. LAS GLORIOSAS INMUNIDADES. Aquí os sello vuestro perdón. Aunque vuestros pecados sean tantos como las arenas, y tan poderosos como los montes, yo los ahogaré en los abismos de mis misericordias sin fondo. Seré misericordioso con vuestras iniquidades; multiplicaré el perdón; donde abundó vuestro pecado, sobreabundará mi gracia; aunque sean como la grana, serán blancos como la nieve; aunque rojos como el carmesí, serán como la lana. He aquí, me declaro satisfecho, y os pronuncio absueltos. El precio está pagado, vuestras deudas saldadas, vuestros bonos cancelados.
Todo cuanto la ley, o la conciencia, o el acusador tenga que imputaros, aquí os eximio, os absuelvo. Yo, yo mismo, soy el que borra vuestras transgresiones, por amor de mi nombre. ¿Quién cargará algo contra vosotros, cuando yo os justifico? ¿Quién os acusará, cuando yo os proclamo inocentes? Hijos, hijas, tened buen ánimo; vuestros pecados os son perdonados. Rociaré vuestras conciencias, y pondré la voz de paz en sus bocas, y ellas serán vuestros registros, en los cuales asentaré vuestro perdón, y la voz de la culpa y de la ira y del terror cesará.
Aquí firmo vuestra libertad de la casa de servidumbre. Salid, cautivos, salid, prisioneros de la esperanza, porque yo he hallado rescate; proclamo libertad a los cautivos, y la apertura de la cárcel a los presos. He aquí, he roto vuestras cadenas, he sacudido los cimientos de vuestras prisiones, y he abierto las puertas de hierro. Por la sangre del pacto he hecho salir a los presos de la cisterna en que no hay agua. Levantaos, oh redimidos del Señor, despojaos del vestido de vuestras cautividades, levantaos y venid.
La oscura y nociva cárcel del pecado no os detendrá más. Yo desataré vuestras ataduras, y quitaré vuestros cerrojos. El pecado no se enseñoreará de vosotros. Sanaré vuestras apostasías, someteré vuestras iniquidades, os santificaré por completo, y pondré mi temor en vuestros corazones, para que no os apartéis de mí. Aunque vuestras corrupciones sean fuertes y muchas, los auxilios de mi Espíritu, la virtud purificadora de mi Palabra y de mis correcciones, obrarán de tal manera junto con vuestras oraciones y vuestros esfuerzos, que no prevalecerán finalmente contra vosotros, sino que ciertamente caerán delante de vosotros.
De la fuerte y aborrecible cárcel del sepulcro os libro. Oh muerte, yo seré tu plaga; oh sepulcro, yo seré tu destrucción; mi amado nunca verá corrupción. Cambiaré vuestra podredumbre en gloria, y haré que vuestro polvo se levante y me alabe. Lo que se siembra en debilidad, lo resucitaré en poder; lo que se siembra en corrupción, lo resucitaré en incorrupción; lo que se siembra cuerpo natural, lo resucitaré cuerpo espiritual. Esta vuestra misma carne, esta carne corruptible, se vestirá de incorrupción, y esto mortal se vestirá de inmortalidad. La muerte será absorbida en victoria, y la mortalidad en vida. No temáis, oh hijos míos. Venid, y os mostraré al enemigo que temíais. Ved, aquí yace el rey de los terrores, como Sísara en la tienda, clavado al suelo con el clavo atravesado en sus sienes. He aquí el grato presente, la cabeza de vuestro enemigo en una bandeja: os lego a vuestro adversario vencido, y os traslado la muerte como herencia. Oh muerte, ¿dónde está tu aguijón? ¿dónde ahora tu armadura en la que confías? Venid, pueblo mío, entrad en vuestros aposentos; venid a vuestros lechos de polvo, y acostaos en paz, y descanse vuestra carne en esperanza; porque aun en esta carne veréis a Dios. Oh muertos por la muerte, vuestros cadáveres, ahora tan aborrecibles como el carroñaje en la zanja, los redimiré del poder del sepulcro, y transformaré esos cuerpos viles semejantes al cuerpo glorioso de vuestro Redentor exaltado. Mirad, si podéis, al sol cuando resplandece en su fuerza: con tal gloria deslumbrante os vestiré, oh hombres de poca fe.
De la mazmorra terrible de las tinieblas eternas os libero por esto. No temáis, no seréis dañados por la segunda muerte; estáis librados de la ira venidera, y nunca vendréis a condenación. Las llamas de Tofet no podrán ni quemaros un cabello, no, ni aun el olor del fuego pasará sobre vosotros. Poneos al borde, y mirad en el horrible pozo, la cárcel infernal de la que os he librado. ¿Veis cómo el humo de sus tormentos sube para siempre? ¿Oís las maldiciones y desvaríos, los rugidos y blasfemias? ¿Qué pensáis de aquellos demonios infernales? ¿habríais querido tenerlos por compañeros y verdugos? ¿Qué pensáis de aquellas cadenas de tinieblas, del río de azufre, de los instrumentos de tormento para alma y cuerpo, de aquellos lloros y lamentos y crujir de dientes? ¿Podéis pensar en un destierro eterno, en una sentencia: «Id, malditos»? ¿Podríais habitar con quemaduras eternas, podríais soportar el fuego devorador? Esta es la heredad a la que nacisteis. Pero yo he cortado el mayorazgo, y he obrado para vosotros una gran salvación. No os he destinado a ira, sino que mis pensamientos hacia vosotros son pensamientos de paz.
Aquí os entrego vuestra protección. De todos vuestros enemigos os salvaré. Os concedo protección contra los embargos de la ley: vuestra Fiadora lo ha satisfecho plenamente; mi justicia está satisfecha, mi ira aplacada, mi honra reparada. He aquí, yo soy el que os justifica, y está cerca; ¿quién es el que os condenará?
Del dominio usurpado de las potestades de las tinieblas. Dentro de poco hollaré a Satanás debajo de vosotros, y pondré vuestros pies en triunfo sobre los cuellos de vuestros enemigos. No se turbe vuestro corazón, aunque tengáis que luchar contra principados y potestades, y contra los gobernadores de las tinieblas de este mundo; porque mayor es el que está en vosotros, que el que está en el mundo. Él puede herir vuestro calcañar, pero vosotros heriréis su cabeza. He aquí a vuestro Redentor llevando cautiva la cautividad, despojando a principados y potestades, y triunfando sobre ellos abiertamente en su cruz. Ved cómo Satanás cae como un relámpago del cielo, y el Sansón de vuestra salvación se lleva las puertas del infierno, postigos y todo, sobre sus hombros, y los planta como trofeos de su victoria: cómo arranca la garganta del león, y alza el corazón del traidor en la cima de su lanza, y lava sus manos, y tiñe sus vestiduras en la sangre de aquellos vuestros enemigos.
De la victoria del mundo. Ni sus ceños ni sus halagos serán demasiado fuertes para vuestra fe victoriosa. Aunque levante a Egipto y a Amalec y a Moab, y todos sus ejércitos contra vosotros, jamás os mantendrá fuera de Canaán. Tened buen ánimo, vuestro Señor ha vencido al mundo. Aunque sus tentaciones sean muy poderosas, sin embargo, sobre mi fidelidad, os prometo esto: que ninguna vendrá sobre vosotros sino aquella que podáis soportar. Y si veo pruebas demasiado duras para vuestras gracias, y que derrocarían vuestras almas, nunca permitiré que vengan sobre vosotros; antes bien, haré que vuestro enemigo os sirva, y os lego el mundo como parte de vuestra dote.
De la maldición de la cruz. La aflicción os será una copa saludable; vuestro Señor ha bebido el veneno en su propio cuerpo, y lo que queda para vosotros es solo una poción saludable, que os prometo obrará para vuestro bien. No temáis beber, ni deseéis que la copa pase de vosotros: yo bendigo la copa antes de darosla. Bebedla toda, y sed agradecidos; hallaréis mi bendición en el fondo de la copa, para endulzaros las aflicciones más amargas. Estaré con vosotros en todas las condiciones, y seré un amigo firme en todo cambio. En el desierto os hablaré al corazón, y en el fuego y en el agua estaré con vosotros. Seré fortaleza para el pobre, y fortaleza para el necesitado en su angustia; refugio contra la tormenta, y sombra contra el calor, cuando el ímpetu de los terribles sea como tormenta contra el muro. Vuestros sufrimientos no serán copa de ira, sino copa de gracia; no maldición, sino cura; no copa de temblor, sino copa de bendición para vosotros. No os dañarán, sino os sanarán. Mi bendición os acompañará en toda condición. No digo solamente: Bienaventurados seréis en vuestra canasta, y bienaventurados en vuestro granero; sino bienaventurados seréis en vuestra pobreza, y bienaventurados seréis en vuestras angustias: no solamente bienaventurados seréis en vuestras ciudades, y bienaventurados en vuestros campos; sino bienaventurados seréis en vuestras prisiones, y bienaventurados en vuestro destierro. Bienaventurados seréis cuando seáis perseguidos, y cuando seáis afrentados, y vuestro nombre sea echado fuera como malo; sí, entonces doblemente bienaventurados. Mis bendiciones más escogidas, el mayor bien y los dulces más ricos, los pondré en vuestras cosas adversas. Estas bienaventuradas inmunidades, estas gloriosas libertades de los hijos de Dios, por esta carta inmutable las asiento sobre vosotros para siempre; y en, y con mi pacto, os las traslado, inalterable, irrevocable, eternamente, y las confirmo sobre vosotros.
2. Sí, no solo os libraré de vuestras miserias, sino que os conferiré PRIVILEGIOS Y PRERROGATIVAS REGIAS, y os instauraré en una felicidad más alta y más grande que aquella de la que jamás habéis caído. He aquí, me doy a vosotros, y todas las cosas conmigo.
He aquí, oh hijos de los hombres; he aquí, y maravillaos. Asombraos, oh cielos; conmoveos, oh fuertes fundamentos de la tierra; porque vosotros seréis mis testigos. Hoy me otorgo por pacto a mis siervos. Seré vuestro Dios para siempre jamás—vuestro propio Dios. Nada en el mundo es tan vuestro como yo. Las casas que habéis edificado, que habéis comprado, no son tan vuestras como yo soy. Aquí sois arrendatarios a voluntad; pero yo soy vuestra heredad eterna. Estas son prestadas por una temporada, pero yo soy vuestra morada en todas las generaciones. No tenéis en ninguna parte tan gran señorío, tan segura e inalterable reclamación, como la que tenéis aquí. ¿Qué contáis por vuestro? ¿Contáis por vuestros vuestros cuerpos, vuestras almas? No, estos no son vuestros; han sido comprados por precio. Pero podéis hacer audazmente vuestra reclamación sobre mí; podéis reclamar libremente un interés en mí. Acercaos, y no temáis; ¿dónde deberíais estar libres, sino con lo vuestro? ¿dónde deberíais estar confiados, sino en casa? Nunca en todo el mundo estáis tan en casa como cuando estáis conmigo. Podéis hacer libremente uso de mí, o de cualquiera de mis atributos, siempre que lo necesitéis. Seré para vosotros todo cuanto podáis desear.
Seré un AMIGO para vosotros. Mis secretos estarán con vosotros, y tendréis toda libertad de acceso a mí, y libertad para derramar todos vuestros corazones en mi seno.
Seré un MÉDICO para vosotros. Sanaré vuestras apostasías, y curaré todas vuestras enfermedades. No temáis; jamás alma alguna se perdió que se dejara en mis manos, y que solo siguiera mis recetas.
Seré un PASTOR para vosotros. No temáis las malas nuevas, porque yo estoy con vosotros; mi cayado y mi bastón os consolarán. No os faltará, porque yo os apacentaré; no os extraviaréis para perdición, porque yo os restauraré. Os haré recostar en verdes pastos, y os guiaré junto a aguas de reposo. Os recogeré con mi brazo, y os llevaré en mi seno, y os guiaré suavemente, según puedan soportar el rebaño y los corderos. Si los oficiales fueren negligentes, yo haré la obra yo mismo. Buscaré lo que se perdió, y haré volver lo que fue ahuyentado, y vendaré lo que fue quebrado, y fortaleceré lo que estuvo enfermo; pero destruiré lo gordo y lo fuerte, y los apacentaré con juicio. Velaré de noche sobre mi rebaño. He aquí, he constituido a mis ministros por vuestros centinelas, y a sobrestantes que velan por vuestras almas. Sí, mis ángeles serán vuestros guardianes, y guardarán constante custodia sobre mi rebaño. Y si acaso los siervos durmieren, mis propios ojos guardarán perpetua vigilia sobre vosotros, de noche y de día. El Guardián de Israel nunca duerme ni se adormece, ni aparta sus ojos de los justos. Os guiaré con mi ojo; jamás os confiaré fuera de mi propia vista.
Seré un SOBERANO para vosotros. El Señor es vuestro juez, el Señor es vuestro legislador, el Señor es vuestro rey. No temáis la iniquidad de los hombres, yo juzgaré vuestra causa, yo defenderé vuestros derechos. No compareceréis ante el tribunal de los hombres; no seréis echados por su voto: maldigan ellos, yo bendeciré; condenen ellos, yo justificaré. Cuando comparezcáis a juicio por vuestras vidas, para que vuestro estado eterno sea decidido, veréis a vuestro Amigo, a vuestro Padre, en el tribunal. En mis manos será puesta vuestra causa, y ciertamente compareceréis en el juicio, y seréis hallados a la diestra entre las ovejas, y oiréis al Rey decir: Venid, benditos, heredad el reino.
Seré un ESPOSO para vosotros. En misericordia y en tierna bondad os desposaré conmigo para siempre. Adoptaré vuestro interés, y seré como uno con vosotros, y vosotros conmigo. Seréis para mí, y no para otro; y yo también seré para vosotros. Aunque os hallé como un infante desvalido expuesto en su sangre, toda vuestra indignidad no me desanima. He aquí, os he mirado, y he puesto mi hermosura sobre vosotros. Además, os juro, y entro en pacto con vosotros, y seréis míos. He aquí, como si me saliera de mi propio poder, y aquí solemnemente, en este mi pacto matrimonial, me entrego a vosotros, y conmigo todas las cosas. Seré una porción eterna para vosotros. Alzad ahora vuestros ojos hacia el oriente y el occidente, el norte y el sur. ¿No tenéis una porción digna, una heredad hermosa? ¿Podéis calcular vuestras riquezas, o contar vuestra propia felicidad? ¿Podéis sondar la inmensidad, o alcanzar la omnipotencia, o comprender la eternidad? Todo esto es vuestro. Abriré todos mis tesoros para vosotros, nada os retendré.
II. Todos los atributos en la Deidad, y todas las personas en la Deidad, os los traslado por esto. Seré vuestro en todas mis PERFECCIONES ESENCIALES, y en todas mis RELACIONES PERSONALES.
1. En todas mis PERFECCIONES ESENCIALES. Mi eternidad será la fecha de vuestra felicidad. Yo soy el Dios eterno, y mientras yo sea, seré vida y bienaventuranza para vosotros. Seré para vosotros una fuente inagotable de gozo y de paz y de dicha. Yo soy el primero y el último, el que era, y es, y ha de venir, y mi poder eterno y mi deidad estarán obligados para con vosotros. Seré vuestro Dios, vuestro Padre, vuestro Amigo, mientras yo tenga ser alguno. He hecho mi elección eterna al escogeros. No temáis, porque el Dios eterno es vuestro refugio, y debajo están los brazos eternos. Mis riquezas duraderas y mi justicia serán vuestras. Aunque todos os abandonen, yo no os abandonaré. Cuando el mundo y todo lo que en él hay sea abrasado, yo seré para vosotros una porción permanente. Cuando seáis olvidados entre los muertos, con eterna misericordia me acordaré de vosotros.
Mi inmutabilidad será la roca de vuestro reposo. Cuando todo el mundo sea como el oleaje agitado alrededor vuestro, aquí podéis fijaros y asentaros. Yo soy vuestro lugar de descanso. La inmutabilidad de mi naturaleza, y de mi consejo, y de mi pacto, son firme apoyo para vuestra fe, y fundamento firme para vuestra fuerte y eterna consolación. Cuando estéis afligidos, zarandeados por tempestades y sin consuelo, refugiaos en mí: yo soy puerto de esperanza, yo soy refugio de descanso para vosotros; aquí echad vuestras anclas, y jamás seréis movidos.
Mi omnipotencia será vuestro guardia. Yo soy el Dios Todopoderoso, vuestro Protector todopoderoso, vuestro Bienhechor todopoderoso. ¿Qué aunque vuestros enemigos sean muchos? Más son los que están con vosotros, que los que están contra vosotros; porque yo estoy con vosotros. ¿Qué aunque sean poderosos? No son todopoderosos. Vuestro Padre es mayor que todos, y nadie os arrebatará de mi mano. ¿Quién puede estorbar mi poder, u obstruir mi salvación? ¿Quién como el Dios de Jesurún, que cabalga sobre los cielos para vuestro auxilio, y sobre las nubes en su excelencia? Yo soy la espada de vuestra fuerza, y el escudo de vuestra excelencia. Yo soy vuestra roca y vuestra fortaleza, vuestro libertador, vuestra fortaleza, el cuerno de vuestra salvación, y vuestro baluarte. Yo os sostendré contra todo el poder del enemigo. Jamás os hundiréis, si la omnipotencia puede sosteneros. Las puertas del infierno no prevalecerán contra vosotros. Vuestros enemigos tendrán dura tarea. Habrán de vencer la victoria, o enervar la omnipotencia, o corromper la fidelidad, o cambiar la inmutabilidad, o de lo contrario no podrán prevalecer finalmente contra vosotros; o se han de inclinar o quebrar. Aunque se eleven como el águila, aunque pongan su nido entre las estrellas, aun de allí los haré descender, dice el Señor.
Mi fidelidad será vuestra seguridad; mi verdad, sí, mi juramento habrá de fallar si alguna vez salís perdiendo conmigo. Os haré confesar, cuando veáis el fin y el resultado de todas mis providencias, que yo fui un Dios digno de ser confiado, digno de ser creído, digno de ser vuestro descanso y apoyo. Si no anduviereis en mis juicios, habéis de esperar mis amenazas y mis ceños, sí, y también mis golpes; y veréis que no bromeo con vosotros, ni os condescenderé en vuestros pecados. Con todo, mi misericordia no quitaré jamás de vosotros, ni sufriré que mi fidelidad falte. No romperé mi pacto, ni alteraré lo que ha salido de mis labios.
Mis misericordias serán vuestro almacén. Yo soy el Padre de misericordias, y tal Padre seré para vosotros. Yo soy la fuente de las misericordias, y esta fuente estará siempre abierta para vosotros. Mis misericordias son muchísimas, y serán multiplicadas hacia vosotros; muy grandes, y serán magnificadas sobre vosotros; muy seguras, y serán para siempre seguras para vosotros; muy tiernas, y serán infinitamente tiernas con vosotros. Aunque la higuera no florezca, ni la vid lleve fruto, ni el rebaño multiplique, no temáis, porque mis compasiones no faltan. Ciertamente la bondad y la misericordia os seguirán todos los días de vuestra vida. Hasta la vejez yo soy el mismo, y hasta las canas os llevaré: yo hice, y yo llevaré; yo mismo os cargaré y os libraré: haré con vosotros pacto eterno, de no apartarme de vosotros para haceros bien; de mostraros la bondad de Dios. Tan pronto podría olvidar ser Dios, como olvidar ser misericordioso. Mientras mi nombre sea Jehová, misericordioso, piadoso, tardío para la ira, abundante en bondad y verdad, nunca olvidaré mostrar misericordia a vosotros. Todos mis caminos hacia vosotros serán misericordia y verdad. He jurado que no me airaré contra vosotros, ni os reprenderé; porque los montes se apartarán, y los collados se removerán, pero mi bondad no se apartará de vosotros, ni el pacto de mi paz será removido, dice el Señor que tiene misericordia de vosotros.
Mi omnisciencia será vuestro sobrestante; mis ojos estarán siempre abiertos, observando vuestras necesidades para aliviarlas, y vuestros agravios para vengarlos. Mis oídos estarán siempre abiertos para oír las oraciones de mis pobres, los clamores de mis oprimidos, las calumnias, las murmuraciones y los oprobios de vuestros enemigos. Ciertamente he visto vuestra aflicción, y conozco vuestras tristezas. ¿Y no hará Dios justicia a sus escogidos? Les hará justicia presto. Yo veo las tramas y los designios secretos de vuestros enemigos contra vosotros, y anularé sus consejos. Veo vuestra integridad secreta, y la rectitud de vuestros corazones hacia mí, mientras el mundo carnal y censurador os condena como hipócritas. Vuestras oraciones secretas, vuestros ayunos y vuestras lágrimas, que el mundo no conoce, yo los observo, y los registro. Vuestro cuidado secreto por agradarme, vuestros trabajos secretos con vuestros propios corazones, vuestros escrutinios y negaciones secretos de vosotros mismos, todo eso lo veo; vuestro Padre que ve en secreto os recompensará en público.
Mi sabiduría será vuestro consejero. Si alguno careciere de sabiduría, pídala de mí, y le será dada. Yo seré vuestro libertador. Cuando estéis en tinieblas, yo seré luz para vosotros. Allanaré vuestro camino delante de vosotros. Vosotros sois cortos de vista, pero yo seré ojos para vosotros. Velaré sobre vosotros, para traer sobre vosotros todo el bien que os he prometido, y para apartar todo el mal que teméis, o tornarlo en bien. Tendréis vuestro alimento en su tiempo, y vuestra medicina en su tiempo—misericordias, aflicciones, todas convenientes y a su tiempo. Yo frustraré a vuestros enemigos con astucia, y haré que sus oráculos no hablen sino disparates. La serpiente antigua no os engañará; yo os pondré al tanto de sus artimañas. Los corazones engañosos que teméis no os perderán; yo descubriré sus maquinaciones. Yo sé cómo librar al piadoso de la tentación, y reservar al injusto para el día del juicio para ser castigado. Confiad en mí con todo vuestro corazón, y no os apoyéis en vuestra propia prudencia; yo soy el Dios que ejecuta todas las cosas por vosotros. Yo perderé la reputación de mi sabiduría, si no os hiciere reconocer, cuando veáis el fin del Señor—aunque ahora os maravilléis, y no alcancéis el sentido de mis procederes—que todas mis obras son en peso y en número y en tiempo y en orden; si no os hiciere clamar: ¡Cuán multiformes son tus obras, en sabiduría las has hecho todas!
Mi justicia será vuestro vengador y vuestro galardonador. No temáis acercaros; no hay en mí furor. Mi justicia no solo está aplacada para con vosotros, sino comprometida en vuestro favor. Estoy tan plenamente satisfecho con el sacrificio de mi Amado, que la justicia misma, que era como una espada flameante desenvainada contra vosotros, ahora os ampara grandemente; y lo que era un terror asombroso y confundidor, será ahora vuestro alivio y consolación. Bajo todas vuestras opresiones, aquí será vuestro refugio. Dadme a conocer vuestros agravios; mi justicia enderezará vuestros agravios, y recompensará vuestros servicios. Podéis dar por seguros vuestros perdones, dar por seguras vuestras coronas, dar por segura la reparación de todas vuestras injurias, y todo ello por la dulce consideración de mi justicia, cuyo pensamiento para otros es como el horror de la sombra de muerte. Si pecáis, no desesperéis; recordad, yo soy justo para perdonaros. Si os costare algún trabajo o gasto por mí, no lo tengáis por perdido; porque no soy injusto para olvidaros. Yo soy el Juez justo, que os he guardado, y os pondré la corona de justicia. ¿Sois afrentados, perseguidos, calumniados? No olvidéis que yo soy justo para retribuir tribulación a los que os atribulan, y a vosotros los que sois atribulados, reposo conmigo. Aunque todos vuestros servicios y sufrimientos no merezcan el menor bien de mis manos, con todo, así como he dado libremente mi promesa de recompensarlos, así también los guardaré con justicia.
Mi omnipresencia será compañía para vosotros. Ciertamente yo estaré con vosotros, para bendeciros. Ni cerrojos, ni barras, ni prisiones, ni destierros os apartarán de mí, ni mantendrán lejos de vosotros mi presencia y las influencias del cielo. Yo estoy siempre con vosotros: en vuestras noches más oscuras, en vuestros peligros más profundos, estoy a la mano con vosotros, un auxilio muy presente en el día de la angustia. No soy un Dios lejano, ni dormido, ni de viaje, cuando necesitáis mi consejo, mi oído o mi ayuda: yo estoy siempre cerca de los que me temen. Ningún Patmos, ninguna prisión estorbará la presencia de mi gracia con vosotros. Mi presencia perfumará la celda más nociva, y alumbrará la mazmorra más oscura en que podáis ser echados.
Mi santidad será para vosotros una fuente de gracia. Yo soy el Dios de esperanza, el Dios de amor, el Dios de paciencia, el autor y consumador de la fe, el Dios de toda gracia, y yo os daré gracia. Mi designio es haceros partícipes de mi santidad. Seré para vosotros un manantial constante de vida espiritual. El agua que yo os daré, será en vosotros una fuente de agua que salte hasta vida eterna. La simiente de vida que yo pondré en vosotros, será tan nutrida y sostenida y mantenida por mi poder, que será inmortal. La unción que recibiréis del Santo permanecerá en vosotros, y os enseñará todas las cosas necesarias para vosotros; y así como os ha enseñado, permaneceréis en él. Floreceréis en los atrios de vuestro Dios. Sí, yo saciaré vuestras almas en la sequedad, y engordará vuestros huesos, y seréis como huerto regado. He aquí, yo seré a vosotros como el rocío, y creceréis como el lirio, y echaréis vuestras raíces como el Líbano; y se extenderán vuestros ramos, y vuestra hermosura será como la del olivo. Aun en la vejez daréis fruto, estaréis gruesos y florecientes.
Mi soberanía será mandada por vosotros. Seréis mis favoritos, hombres de poder, para prevalecer conmigo. Todos mis atributos estarán al mandato de vuestras oraciones.
EN RESUMEN, mi suficiencia será la suerte de vuestra heredad. Mi plenitud es vuestro tesoro. Mi casa es vuestro hogar. Podéis acudir tan libremente a mi almacén como a vuestra propia alacena. Podéis meter la mano tan libremente en mis tesoros como en vuestras propias bolsas. No podéis pedir demasiado, no podéis esperar demasiado de mí. Yo os daré, o yo mismo seré para vosotros en lugar de, todos los consuelos. Tendréis hijos, o yo os seré mejor que diez hijos. Tendréis riquezas, o yo os seré más que todas las riquezas.
Tendréis amigos, si os fuere mejor, o de lo contrario yo seré vuestro consolador en vuestra soledad, vuestro consejero en vuestra angustia. Si dejareis padre o madre, o casas o tierras, por mi causa, recibiréis el ciento por uno en mí, aun en este tiempo. Cuando vuestros enemigos os quiten vuestros consuelos, será solo como dejar correr la cisterna y abrir la fuente, o apagar las velas y dejar entrar el sol. La crecida de las aguas elevará más alto el arca de vuestro consuelo. Yo seré para vosotros el báculo de pan, vuestra vida, y la fortaleza de vuestros días. Yo seré la casa y el hogar para vosotros, habitaréis conmigo; sí, habitaréis en mí, y yo en vosotros. Yo estaré y caeré con vosotros. Repararé vuestras pérdidas, y aliviaré vuestras necesidades. ¿Podéis agotar la lámpara del cielo, o vaciar con vuestras manos el océano sin linderos? Pues bien, el sol se oscurecerá y el mar se secará, antes que el Padre de las luces; la fuente de las misericordias se agote. He aquí, aunque el mundo ha estado gastando del caudal de mi misericordia desde que creé al hombre sobre la tierra, con todo, todavía corre con corriente plena. Mi sol difunde sus rayos y desembolsa su luz, y con todo resplandece tan brillante como siempre: mucho más puedo yo dispensar de mi bondad, y llenar a mis criaturas hasta rebosar, y con todo no tener nunca menos en mí mismo: y hasta que esta suficiencia sea gastada, jamás seréis deshechos. Yo soy el Dios de Abraham, y de Isaac, y de Jacob, y lo que yo fui para ellos, eso seré para vosotros.
¿Estáis en necesidad? Sabéis a dónde acudir. Yo estoy siempre en casa; no os iréis vacíos de mi puerta. Nunca os atormentéis con cuidados y temores, sino haced conocidas vuestras peticiones por oración y ruego ante mí. Yo ayudaré cuando todo lo demás falte. Cuando fallen los amigos y fallen los corazones, cuando se rompan las cuerdas de vuestros ojos y las cuerdas de vuestro corazón, cuando vuestros conocidos os dejen y vuestras almas os dejen, mi seno estará abierto para vosotros. Yo guardaré vuestro polvo, yo recibiré vuestras almas.
Y mi infinitud será la extensión de vuestra heredad. ¿Podéis por la búsqueda descubrir a Dios; podéis hallar al Todopoderoso hasta la perfección? Es alto como los cielos, ¿qué podéis hacer? Más profundo que el infierno, ¿qué podéis saber? Esta altura incomprensible, esta profundidad insondable, será toda vuestra, vuestra para siempre. Yo soy vuestra heredad, que ninguna línea puede medir, ninguna aritmética puede valuar, ningún agrimensor puede describir. Alzad ahora vuestros ojos a los montes antiguos, y a los últimos confines de los collados eternos: todo lo que podéis ver es vuestro; pero vuestra vista corta no puede divisar ni la mitad de lo que os doy; y cuando más veáis y sepáis, no estáis menos que infinitamente cortos para el descubrimiento de vuestras propias riquezas. (Job 26:14).
2. Sí, además, seré vuestro en todas mis RELACIONES PERSONALES.
Yo soy el Padre eterno, y seré Padre para vosotros. Os tomo por mis hijos y mis hijas. He aquí, no os recibo como siervos, sino como hijos para permanecer en mi casa para siempre. Cualquier amor o cuidado que los hijos puedan esperar de su padre, eso podéis esperar de mí; y tanto más cuanto yo soy más sabio y más grande y mejor que cualquier padre terrenal. Si los padres terrenales dan buenas cosas a sus hijos, con mucha más razón os daré yo a vosotros. Si tales padres no pueden olvidar a sus hijos, mucho menos os olvidaré yo. ¿Qué querrían mis hijos? El corazón de vuestro Padre, y la casa de vuestro Padre; el cuidado de vuestro Padre, y el oído de vuestro Padre; el pan de vuestro Padre, y la vara de vuestro Padre: todos estos serán vuestros.
Tendréis mi afecto paternal; mi corazón lo reparto entre vosotros, mi amor más tierno lo derramo sobre vosotros.
Mi compasión paternal. Como el padre se compadece de sus hijos, así me compadeceré yo de vosotros. Consideraré vuestra condición, y no seré extremado en notar lo que hacéis mal, sino que cubriré todo con el manto de mi amor que disculpa.
Mi INSTRUCCIÓN paternal. Haré que oigáis la dulce voz detrás de vosotros, que dice: Este es el camino. Seré tierno con vuestra flaqueza, e inculcaré mis amonestaciones, línea sobre línea, y os apacentaré con leche cuando no podáis digerir manjar más fuerte. Os instruiré, y os guiaré con mi ojo.
Mi PROTECCIÓN paternal. En mi temor hay confianza fuerte, y mis hijos tendrán lugar de refugio. Mi nombre será vuestra torre fuerte, a la cual podáis acudir en todo tiempo y estar seguros. A vuestro refugio fuerte, oh prisioneros de la esperanza. Yo soy un refugio abierto, un refugio cercano e inviolable para vosotros.
Mi PROVISIÓN paternal. No temáis la escasez; en la casa de vuestro Padre hay pan en abundancia. Yo cuidaré de vuestros cuerpos. No os afanéis por lo que habéis de comer, beber o vestir. Básteos que vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas. Yo proveeré para vuestras almas, manjar para ellas, y mansiones para ellas, y porciones para ellas. He aquí, he extendido para vosotros la mesa de mi evangelio, con privilegios y consuelos que nadie os quita. He puesto delante de vosotros el pan de vida, y el árbol de vida, y el agua de vida. Comed, oh amigos; bebed en abundancia, oh amados. Pero todo esto no es sino un gusto de lo que he preparado. Ahora solo tendréis sonrisas e insinuaciones, y os contentaréis con destellos y vislumbres aquí; pero dentro de poco seréis tomados al seno de vuestro Padre, y viviréis para siempre en las visiones más plenas de su gloria.
Mi PRUEBA paternal. Os castigaré porque os amo, para que no seáis condenados con el mundo.
A mi Hijo os lo doy, en pacto matrimonial para siempre. Os lo traslado como sabiduría, para vuestra iluminación; justicia, para vuestra justificación; santificación, para la curación de vuestras corrupciones; redención, para vuestra liberación de vuestros enemigos. Os lo otorgo con toda su plenitud, todos sus méritos, y todas sus gracias. Él será vuestro en todos sus oficios. Yo lo he ungido por Profeta. ¿Sois ignorantes? Él os enseñará; él será colirio para vuestros ojos. Yo lo he enviado a predicar el evangelio a los pobres, y a dar recobro de vista a los ciegos; a poner en libertad a los quebrantados. Lo he establecido por juramento como Sacerdote para siempre. Si alguno pecare, él será vuestro Abogado; él expiará vuestra culpa, y hará la reconciliación. ¿Tenéis algún sacrificio, algún servicio que ofrecer? Traedlo a él, y recibiréis respuesta de paz.
Presentad vuestras peticiones por su mano; a él yo lo aceptaré. Teniendo tal Sumo Sacerdote sobre la casa de Dios, podéis venir y ser bienvenidos; venid con denuedo. A él he yo levantado como Rey sobre mi santo monte de Sion. Él os regirá, él os defenderá. Él es Rey de justicia, Rey de paz; y tal Rey será él para vosotros. Yo levantaré su estandarte por vosotros; yo pondré su trono en vosotros. Él reinará en justicia, y regirá con juicio; y será escondedero contra el viento, y refugio contra la tempestad, y sombra de gran peña en tierra cansada. Él oirá vuestras causas y juzgará a vuestros enemigos, y reinará hasta que haya puesto todo debajo de sus pies; sí, y debajo de vuestros pies; porque serán como cenizas debajo de vosotros, y los hollaréis, dice el Señor de los ejércitos. Sí, yo desharé a los que os afligen, y todos los que os menospreciaron se humillarán a las plantas de vuestros pies. Y saldréis y veréis los cadáveres de los hombres que se rebelaron contra mí; porque su gusano no morirá, ni su fuego se apagará; y serán abominación a toda carne. (Isaías 66:24).
Mi Espíritu os lo doy por vuestro Consejero y vuestro Consolador. Él será un morador constante con vosotros, y morará en vosotros y permanecerá con vosotros para siempre. Os consagro como templos a su santidad. Él será vuestro guía, él os guiará a toda la verdad. Él será vuestro abogado para dictar vuestras oraciones, e interceder por vosotros, y llenará vuestras bocas con los argumentos que él sabe prevalecerán conmigo. Él será aceite para vuestras ruedas, y fortaleza para vuestros tobillos, vino para vuestros corazones, y médula para vuestros huesos, y viento para vuestras velas. Él testificará vuestra adopción. Él os sellará para el día de la redención, y será para vosotros las arras de vuestra heredad, hasta la redención de la posesión adquirida.
III. Y así como yo me doy a vosotros, mucho más todas las cosas conmigo. Tierra y cielo, vida y muerte, COSAS PRESENTES y COSAS POR VENIR.
1. ¡LAS COSAS PRESENTES son vuestras! He aquí, os doy la bendición de Caleb, los manantiales de arriba y los manantiales de abajo. Os bendeciré con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo. A vosotros os pertenece la adopción, y la gloria, y los pactos, y el servicio de Dios, y las promesas. A vosotros os daré la piedra blanca y el nombre nuevo, el acceso a mi presencia, la aceptación de vuestras personas, la audiencia de vuestras oraciones. La paz os dejo, mi paz os doy. Yo os guardaré hasta el fin, y entonces coronaré mi propio don con vida eterna. Os he hecho herederos de Dios, y coherederos con vuestro Señor Jesucristo, y heredaréis todas las cosas.
Os he concedido mis ÁNGELES por guardianes. Los cortesanos del cielo os asistirán; todos ellos serán espíritus ministradores para vuestro bien. He aquí, les he dado orden acerca de vosotros, de que por su fidelidad velen por vosotros, y, cual tiernas enfermeras, os lleven en sus brazos, y os guarden de todo daño. Estos serán como los cuidadosos pastores, para velar de noche sobre mi rebaño, y acampar alrededor de mi aprisco.
A mis MINISTROS os los doy por guías. Pablo, Apolos, Cefas, todos son vuestros. Yo estoy siempre con ellos, y ellos estarán siempre con vosotros hasta el fin del mundo. Tendréis pastores según mi propio corazón, y este será mi pacto con vosotros: que mi Espíritu que está sobre vosotros, y mis palabras que yo he puesto en vuestra boca, no se apartarán de vuestra boca, ni de la boca de vuestra simiente, ni de la simiente de vuestra simiente, desde ahora y para siempre. En resumen, todos mis oficiales serán para vuestro aprovechamiento y perfeccionamiento. Todas mis ordenanzas serán para edificaros y salvaros. Aun las severidades de mi casa, las amonestaciones, las censuras, y toda la disciplina de mi familia, serán para prevenir vuestra infección, curar vuestra corrupción, procurar vuestra salvación.
Mi PALABRA he ordenado para convertir vuestras almas, iluminar vuestros ojos, alegrar vuestros corazones, preveniros de los peligros, limpiar vuestras inmundicias, y conformaros a mi imagen. A vosotros os confío los oráculos de Dios. Aquí seréis pertrechados contra las tentaciones, de aquí seréis consolados bajo las angustias y aflicciones. Aquí hallaréis todo mi consejo. Esta os instruirá en vuestro camino, os corregirá en vuestros extravíos, os dirigirá a las verdades que han de creerse, y os descubrirá los errores que han de rechazarse.
Mis ORDENANZAS os las doy como prendas de mi amor. Libremente las reclamaréis, son pan de los hijos. He aquí, os las he dado para certificaros todo lo que aquí os he prometido; y cuando estos sagrados signos os sean entregados, entonces sabed, y recordad, y considerad en vuestros corazones, que en ellos os empeño mi verdad, y pongo mi mano, y por ellos ratifico y confirmo cada artículo de estas escrituras, y os entrego de hecho en vuestras propias manos esta gloriosa carta, con todas sus inmunidades y privilegios, como vuestra para siempre.
Y habiendo sembrado en vosotros tan largamente en bendiciones espirituales, ¿no segaréis mucho más las temporales? No seáis de ánimo dudoso; todas estas cosas os serán añadidas. Mis criaturas os las concedo por siervos y provisiones. El cielo y la tierra os asistirán. Todas las estrellas en sus órbitas os servirán, y, si fuere necesario, pelearán por vosotros. Y haré yo mi pacto por vosotros con las bestias del campo, y con las aves del cielo; y vosotros estaréis en paz con las piedras del campo, y todas estarán en paz con vosotros. Yo saldré fiador por todas vuestras necesidades. ¿Alimento yo a las aves, y visto la hierba, y pensáis que yo descuidaré a mis hijos? Oigo a los cuervos jóvenes cuando claman; ¿no cumpliré con mucha más razón los deseos de los que me temen? No temáis, estaréis seguros de no faltar de ningún bien; y vosotros mismos no desearíais riquezas, placeres ni honra para vuestro daño. Yo daré sustento a los que me temen; yo me acordaré siempre de mi pacto. Mis providencias cooperarán a vuestro bien. Los vientos contrarios os soplarán más presto y más velozmente a vuestro puerto. Seréis preferidos, cuando parezcáis más abatidos; seréis los mayores ganadores, cuando parezcáis los más perdidos, y promoveréis más eficazmente vuestro bien, cuando más parezca que lo negáis.
2. ¡LAS COSAS POR VENIR son vuestras! El perfeccionamiento de vuestras almas, la redención de vuestros cuerpos, la consumación de vuestra dicha. Cuando me hayáis glorificado por un tiempo en la tierra, y acabado la obra que os he dado para hacer, seréis arrebatados al paraíso, y descansaréis de vuestros trabajos, y vuestras obras os seguirán. Enviaré de mi propia guardia para conducir a casa vuestras almas que parten, y os recibiré entre los espíritus de los justos hechos perfectos. Y miraréis atrás a Faraón, y a todo su ejército, y veréis a vuestros enemigos muertos en la orilla. Entonces será vuestra redención de todas vuestras aflicciones, y de todas vuestras corrupciones. La espina en la carne será arrancada, y vuestra hora de tentación habrá pasado para siempre.
El sudor será enjugado de vuestras frentes, y vendrá el día de refrigerio, y os sentaréis para siempre bajo mi sombra. Porque el Cordero que está en medio del trono os apacentará, y os guiará a fuentes vivas de aguas.
Las lágrimas serán enjugadas de vuestros ojos, y no habrá más tristeza, ni llanto, ni habrá más dolor; porque las primeras cosas pasaron, y he aquí yo hago nuevas todas las cosas. Cambiaré a Mara en Noemí, la copa de tristeza en copa de salvación, y el pan y el agua de la aflicción en el vino de la consolación eterna. Tomaréis vuestras arpas de los sauces, y yo tornaré vuestras lágrimas en perlas, y vuestros salmos penitenciales en cánticos de liberación. Cambiaréis vuestros Icabod en hosannas, y vuestras súplicas de tristeza en aleluyas de gozo.
La cruz será quitada de vuestras espaldas, y saldréis de vuestra gran tribulación, y lavaréis vuestras vestiduras y las emblanqueceréis en la sangre del Cordero; y estaréis delante del trono de Dios, y le serviréis día y noche en su templo; y el que está sentado en el trono morará entre vosotros, y no tendréis más hambre, ni más sed, ni el sol caerá sobre vosotros, ni calor alguno.
La carga será quitada de vuestras conciencias. Los pecados y las dudas no os mancharán ni os afligirán más. Yo haré fin del pecado, y quitaré los grilletes de vuestras corrupciones, y seréis una iglesia gloriosa, que no tenga mancha, ni arruga, ni cosa semejante; sino que seréis santos y sin mancha.
Así seréis conducidos al Rey, todos gloriosos, en vestido de bordado, y vestido de oro; con gozo y regocijo seréis conducidos, y entraréis en el palacio del rey. Así habitará el amado del Señor confiado junto a él, y vosotros estaréis continuamente delante de él, y contemplaréis la hermosura del Señor, y oiréis su sabiduría. Entonces abriré en vosotros un manantial eterno de gozo, y prorrumpiréis en canto, y nunca más cesaréis, ni de día ni de noche, diciendo: Santo, santo, santo.
Así expirará el gran enemigo con vuestro postrer aliento, y el cuerpo de muerte será despojado con vuestro cuerpo mortal; y el día de vuestra muerte será el nacimiento de vuestras glorias. Tened fe en Dios. «Esperad solo un poco, y la tristeza cesará, y el pecado no será más».
Y entonces un poco más, y la muerte no será más; sino que vuestro último enemigo será destruido, y vuestra victoria consumada. Aun un poco, y el que ha de venir vendrá, y vosotros también apareceréis con él en gloria. Este mismo Jesús que os ha sido tomado y llevado al cielo, vendrá así como subió al cielo; y cuando venga, él os recibirá a sí mismo, para que donde él esté, allí estéis también vosotros. He aquí su señal: viene en las nubes del cielo con poder y gran gloria; y todo ojo le verá, y todas las tribus de la tierra se lamentarán por causa de él; pero vosotros levantaréis vuestras cabezas, porque vuestro día de redención se acerca. Entonces él tocará su trompeta, y os hará oír su voz en vuestro polvo, y enviará a sus ángeles poderosos para juntaros de los cuatro vientos del cielo, los cuales os llevarán en el carro triunfal de las nubes, al encuentro de vuestro Señor; y seréis preparados para él, y presentados a él, como una esposa ataviada para su esposo. Y así como habéis llevado la imagen del terrenal, así llevaréis la imagen del celestial; y seréis plenamente conformados, tanto en cuerpo como en espíritu, a vuestra Cabeza gloriosa. Entonces él os confesará delante de sus ángeles, y recibiréis vuestra absolución abierta delante de toda carne, y seréis reconocidos, aprobados y aplaudidos en la audiencia pública de la asamblea general. Y seréis con todas las solemnidades reales desposados con el Rey de gloria, en presencia de todos sus resplandecientes cortesanos, para envidia y terror de vuestros adversarios.
Así vuestro Señor con su propia mano os coronará, y os sentará en tronos; y juzgaréis a hombres y a ángeles, y tendréis poder sobre las naciones, y pondréis vuestros pies sobre los cuellos de vuestros enemigos. He aquí, he fijado el día mismo de vuestro entronizamiento, he provisto vuestras coronas, he preparado el reino. ¿Por qué dudáis, oh hombres de poca fe? Estas son las verdaderas palabras de Dios. ¿Estáis seguros de que ahora estáis en la tierra? Así de seguros estaréis dentro de poco conmigo en el cielo. ¿Estáis seguros de que habéis de morir? Así de seguros resucitaréis en gloria. He aquí, lo he dicho, ¿y quién lo revocará? Me veréis cara a cara, y estaréis conmigo donde yo estoy, y contemplaréis mi gloria. Porque yo seré glorificado en mis santos, y admirado en todos los que creen; y toda carne sabrá que yo os he amado. Porque yo haré de vosotros los trofeos de mi gracia, en quienes el mundo entero verá cuán indeciblemente el Dios Todopoderoso puede ensalzar la pobre carne de gusano y el polvo de la tierra. Y los menospreciadores contemplarán, y se asombrarán, y perecerán; porque serán testigos de las riquezas de mi magnificencia y de la sobremanera grandeza de mi poder. Ellos se irán al castigo eterno, mas vosotros a la vida eterna; porque apenas sea pasada su sentencia, el tribunal se levantará, y el Juez volverá con todo su glorioso séquito; con sonido de trompeta y gritos increíbles ascenderá, y os conducirá a la casa de vuestro Padre. Entonces los arcos triunfales alzarán sus cabezas, y las puertas eternas estarán abiertas, y los cielos os recibirán a todos, y así estaréis siempre con el Señor.
Y ahora me regocijaré sobre vosotros con canto, y descansaré en mi amor; y el cielo resonará con gozos y aclamaciones, porque os he recibido salvos y sanos. Y en aquel día sabréis que yo soy galardonador de los que me buscan diligentemente; y que yo registré vuestras palabras, y emboté vuestras lágrimas, y conté vuestros extravíos, y guardé cuenta, aun hasta un vaso de agua fría, de todo cuanto dijisteis o hicisteis por mi nombre. Ciertamente hallaréis que nada se pierde; sino que tendréis medida plena, apretada y rebosando, miles de años en el paraíso, por el menor buen pensamiento, y miles de miles por la menor buena palabra; y entonces la cuenta comenzará de nuevo, hasta que toda aritmética quede confundida. Porque seréis absorbidos en una eternidad bienaventurada, y las puertas del cielo se cerrarán sobre vosotros, y ya no habrá más salir.
El glorioso coro de mis santos ángeles, la ilustre hermandad de mis bienaventurados profetas, la dichosa sociedad de los apóstoles triunfantes, las huestes reales de los mártires victoriosos, estos serán vuestros compañeros para siempre. Y vendréis con vestiduras blancas, con palmas en vuestras manos, teniendo cada uno las arpas de Dios, y vasos de oro llenos de aromas, y echaréis vuestras coronas delante de mí, y os uniréis a la multitud de los ejércitos celestiales, glorificando a Dios, y diciendo: ¡Aleluya! El Señor Dios Todopoderoso reina. Bendición, honra, gloria y poder sean a aquel que está sentado en el trono, y al Cordero, por los siglos de los siglos. En resumen, os haré iguales a los ángeles de Dios, y seréis las trompetas eternas de mi alabanza. Seréis abundantemente saciados con la grosura de mi casa, y os haré beber de los ríos de mis delicias. Seréis una excelencia eterna; y si Dios puede morir, y la eternidad puede agotarse, entonces, y solo entonces, expirarán vuestros gozos. Porque me veréis tal como yo soy, y me conoceréis tal como sois conocidos; y contemplaréis mi rostro en justicia, y seréis saciados con mi semejanza. Y seréis los vasos de mi gloria, cuyo uso bendito será recibir los rebosamientos de mi bondad, y tener mi amor y mi gloria infinitos derramados en vosotros hasta rebosar, y rebosando para siemprejamás. Bienaventurado el que creyó, porque habrá cumplimiento de las cosas que le han sido dichas. Yo el Señor lo he hablado; veréis mi rostro, y mi nombre será escrito en vuestras frentes; y no tendréis más necesidad del sol, ni de la luna, porque el Señor Dios os dará luz, y reinaréis por los siglos de los siglos.
Y así como yo me doy a vosotros por vuestro Dios, y todas las cosas conmigo, así os tomo por mi pueblo del pacto, y seréis míos en el día en que yo haga mis joyas; y os perdonaré como el hombre perdona a su propio hijo que le sirve. El Señor contará cuando escriba el pueblo: Ciertamente son mis hijos. Yo no solo os requiero que seáis míos, si queréis que yo sea para vosotros, sino que prometo haceros míos, y obrar en vosotros las condiciones que os exijo. Circuncidaré vuestros corazones para amarme. Yo quitaré el corazón de piedra. Mis leyes escribiré dentro de vosotros. Con todo, debéis saber que yo he de ser buscado para estas cosas; y como esperéis jamás participar de las misericordias, os encargo que os echéis al estanque, y esperéis a mi Espíritu, y seáis diligentes en el uso de los medios.
Yo estoy contento de mitigar el rigor de los viejos términos; no estaré sobre la satisfacción. He recibido rescate, y solo espero vuestra aceptación. No insistiré en la perfección. Andad delante de mí, y sed rectos, y la sinceridad llevará la corona. Sí, tanto la fe como la obediencia que os exijo son dones míos propios. Os requiero que aceptéis a mi Hijo creyendo; pero yo os daré mano para tomarlo, y para someteros a él y obedecerlo; y yo debo y quiero guiar vuestra mano para escribir tras él, y haceros andar en mis estatutos. Yo os tomaré por los brazos, y os enseñaré a andar; yo ordenaré vuestros pasos. Sí, aquellas cosas aceptaré yo de vosotros como condiciones de vida, las cuales, miradas en el rigor de mi justicia, merecerían muerte eterna. ¡Gracia! ¡Gracia!
Fuente y atribución
Autor original: Richard Alleine
Título original: Chapter 14. The Riches of the Covenant, or a Short View of the Exceeding Great and Precious Promises
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Richard Alleine, publicado originalmente en Grace Gems.