«¿Por qué? ¿Qué mal ha hecho?», preguntó Pilato. Pero ellos gritaban aún más fuerte: «¡Crucifícalo!». Mateo 27:23
Era una pregunta justa. Los judíos querían que Pilato condenara a muerte a Jesús; pero Pilato tenía derecho a preguntar por qué debía pronunciarse tal sentencia. Nadie debería ser jamás condenado sin un juicio.
Nosotros tenemos derecho a preguntar lo mismo ahora, a quienes condenan y rechazan a Cristo. ¿Qué cosa mala ha hecho? ¿Qué defectos hay en Su carácter? ¿A quién ha dañado? Los judíos no intentaron responder a la pregunta de Pilato; en verdad no había respuesta posible, pues ninguna acusación podía presentarse contra Jesús. ¡Él nunca había dañado a nadie!
Una niña besó la mano de su hermanito mientras yacía en el ataúd, y dijo: «Mamá, esta manita nunca me golpeó». Bien podría haberse dicho de Cristo cuando yacía en la muerte:
«Esta mano nunca golpeó a nadie.
Estos labios nunca pronunciaron una palabra que causara dolor.
Este corazón nunca albergó un pensamiento o sentimiento poco amable».
Por otro lado, la vida de Cristo fue una bendición perpetua para todos los que le conocían. Sus manos siempre estuvieron extendidas para sanar —hasta que finalmente fueron extendidas sobre la cruz y clavadas a ella— pero aún extendidas en bendición. Sus labios siempre hablaban palabras de consuelo, de amor. Su corazón estaba siempre lleno de amor y gracia.
¿Quién podría presentar alguna acusación contra Él? En verdad, ¡nadie lo hizo jamás! Fue llevado apresuradamente a la muerte por el odio de los hombres, sin razón ni cargo de ninguna clase.
«¿Por qué? ¿Qué mal ha hecho?», preguntó Pilato. Pero ellos gritaban aún más fuerte: «¡Crucifícalo!». Mateo 27:23
Fuente y atribución
Autor original: J. R. Miller
Título original: Mamma, this little hand never struck me!
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. R. Miller, publicado originalmente en Grace Gems.