«Alzaré mis ojos a los montes, ¿de dónde vendrá mi socorro?» Salmo 121:1
No a los montes literalmente, sino a Aquel que hizo los montes, pues el salmista añade enseguida: «Mi socorro viene del Señor, que hizo los cielos y la tierra».
«Los montes eternos» son un emblemeno apto del poder y la inmutabilidad de Jehová. «Suyos son también los montes antiguos». «Como los montes están alrededor de Jerusalén, así está Jehová alrededor de su pueblo, desde ahora y para siempre».
Al situarnos al pie de una imponente cordillera y seguir con la mirada sus cumbres hasta que perforan los cielos, y recordar que han permanecido las mismas en medio de todas las revoluciones de la tierra, del auge y la caída de los imperios, y del nacimiento y la muerte de muchas generaciones, ellas ayudan a nuestros pensamientos a elevarse hasta alguna aprehensión del poder y la inmutabilidad de Aquel que las formó. Realicemos que el poder que levantó los altos montes es nuestra defensa, y que un amor tan inmutable como los montes eternos es nuestra porción, y quedaremos satisfechos.
«A los cielos alzo mis ojos que esperan en el Señor; él, que hizo la tierra y los cielos, es mi perpetuo socorro.»
Fuente y atribución
Autor original: Autor desconocido
Título original: I will lift up my eyes unto the hills
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Autor desconocido, publicado originalmente en Grace Gems.