No es evidencia contra ti el que estés sujeto a esclavitud; no es señal contra ti el que no puedas mirar la muerte de frente sin duda ni temor. ¿No son "los hijos" los que sienten la esclavitud? ¿Y no vino el Señor a librarlos de ella? ¿Luego no eres hijo porque temes la muerte? Si no tuvieras sentido del pecado ni ternura de conciencia, serías tan indiferente ante la muerte como la mayoría de las personas. Así, tu misma esclavitud, tus mismos temores, si te hacen suspirar y clamar por liberación, son marcas de vida. Y el día llegará seguramente en que el Señor quite esos temores heladores y ponga fin a esas dudas matadoras. Cuando te acerques a la orilla del Jordán, el Señor estará contigo para librarte, a ti que por el temor de la muerte estás ahora sujeto a esclavitud; él extraerá su aguijón y despojará al sepulcro de su victoria, capacitándote para clamar "¡Salvación!" por su sangre, aun en el momento en que la naturaleza se hunde más bajo y el último enemigo aparece más cercano.
¡Oh, qué bendito Jesús tenemos; qué Amigo celestial; qué divino Mediador entre un Dios santo y nuestras almas culpables! ¡Qué amor mostró al tomar nuestra carne y sangre; qué bondadosa condescendencia, qué maravillosas profundidades de gracia inefable! Nos amó lo suficiente para dar su vida por nosotros. ¿No sufrió por nosotros la agonía de la cruz, los desvíos del rostro de Dios, la carga del pecado, los dolores del infierno? Y si ha hecho todo esto por nosotros en la tierra, ¿dejará su obra sin concluir en el cielo? Puede haberte dado vida, hecho sentir tu pecado, enseñado a buscar misericordia, levantado una buena esperanza en tu corazón, aplicado una promesa a tu alma, dado un testimonio; y, sin embargo, a veces tu conciencia puede estar retenida en esclavitud y prisión. Pero es sólo para abrir más camino a su gracia; para descubrirte más y más su disposición y poder para salvar hasta lo sumo a todos los que vienen a Dios por él; y para hacerse al fin más precioso para ti, mostrándote más de su obra consumada, de su amor moribundo y de su sangre expiatoria.
Así, como la caída de Adán fue sobrevenida por la sabiduría de Dios para manifestar las riquezas de su amor, misericordia y gracia eternos, así tus mismas dudas, temores y esclavitud serán benditamente sobrevenidos para darte nuevos descubrimientos de Cristo, para desengancharte más de un brazo de carne y para hacerte conocer más experimentalmente lo que el Señor Jesucristo es para quienes buscan su rostro y confían en él y sólo en él. El hombre que cree poder vivir y morir, y ello con seguridad, sin un conocimiento experimental de Cristo, jamás buscará su rostro ni anhelará las manifestaciones de su amor. Pero el que siente que no puede vivir ni morir sin él, el que sabe que tiene un alma que sólo Cristo puede salvar, pecados que sólo la sangre de Cristo puede perdonar e iniquidades que sólo la justicia de Cristo puede cubrir, clamará con frecuencia al Señor para que visite su alma con su salvación, y no hallará reposo hasta que Cristo aparezca; pero cuando Cristo aparezca para gozo de su alma, le bendecirá y alabará con labios jubilosos. ¡Y qué glorioso trofeo de la victoria eterna de Cristo sobre el pecado y Satanás será aquel hombre, cuando reine con él y con sus santos congregados en un día inmortal!
Fuente y atribución
Autor original: J. C. Philpot
Título original: November 13
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.