Nada distingue la religión divina del santo de Dios, no sólo de la muerta profanidad de los abiertamente impíos, sino del servicio labial formal del profesor sin vida, tanto como la comunión con Dios.
¡Con cuánta claridad vemos esto ejemplificado en los santos de antaño! Abel buscó el compañerismo con Dios cuando «trajo de los primogénitos de sus ovejas, y de su grosura», pues miraba a la sangre expiatoria del Cordero de Dios. Dios aceptó la ofrenda y «dio testimonio de sus dones» manifestando su divina aprobación. Aquí hubo comunión entre Abel y Dios. Enoc «caminó con Dios»; pero ¿cómo pueden dos caminar juntos si no están de acuerdo? Y si están de acuerdo, están en comunión y compañerismo. Abraham fue «el amigo de Dios»; «El Señor hablaba con Moisés cara a cara»; David fue «el hombre conforme al corazón de Dios»; todos estos testimonios del Espíritu Santo acerca de ellos implicaban que estaban reconciliados, acercados y caminaban en santa comunión con el Señor Dios Todopoderoso. Así todos los santos de antaño, cuyos sufrimientos y hazañas están registrados en Hebreos 11, vivieron una vida de fe y oración, una vida de comunión y compañerismo con su Padre y su Amigo; y aunque «fueron apedreados, aserrados y muertos a espada»; aunque «anduvieron en pieles de oveja y de cabra, pobres, afligidos y atormentados»; aunque «anduvieron por desiertos, por montes, por cuevas y cavernas de la tierra», sin embargo, todos fueron sostenidos en sus sufrimientos y dolores por el Espíritu y la gracia, la presencia y el poder del Dios viviente, con quien mantenían dulce comunión; y, aunque torturados, no «aceptarían liberación alguna» negando a su Señor, «para obtener una mejor resurrección», y verle tal como es en la gloria, por cuya gracia fueron llevados a la comunión con él en la tierra.
Esta misma comunión consigo es a la que Dios llama ahora a sus santos, según leemos: «Fiel es Dios, por el cual fuisteis llamados a la comunión con su Hijo Jesucristo nuestro Señor», porque tener comunión con su Hijo es tener comunión con él. Así como llamó a Abraham fuera de la tierra de los caldeos, así llama a almas escogidas fuera del mundo, fuera de las tinieblas, el pecado y la muerte, fuera de la formalidad y la justicia propia, fuera de una profesión engañosa, a tener comunión con él, a ser bendecidas con manifestaciones de su amor y misericordia. A este punto tienden todos sus tratos con sus almas; a acercarlos a sí mismo se envían todas sus aflicciones, pruebas y dolores; y al darles gustos de santa comunión aquí, les concede anticipos de aquella eternidad de bienaventuranza que será suya cuando el tiempo ya no sea, al ser absorbidos para siempre por su presencia y su amor.
Fuente y atribución
Autor original: J. C. Philpot
Título original: September 3
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.