Solemos considerar a los santos del Nuevo Testamento como si fueran «santos» de un modo más especial que los demás hijos de Dios. Todos son «santos» a quienes Dios ha llamado por su gracia y santificado por su Espíritu; pero tendemos a mirar a los apóstoles como seres extraordinarios, casi no sujetos a las mismas debilidades y tentaciones que nosotros. Sin embargo, al hacerlo, olvidamos esta verdad: cuanto más cerca vive un hombre de Dios, con mayor intensidad tiene que lamentarse de su propio corazón malo; y cuanto más su Maestro lo honra en su servicio, más también le molesta y aflige la carne día tras día.
La verdad es que si hubiéramos visto al apóstol Pablo, habríamos pensado que era igual al resto de la familia escogida. Y si hubiéramos hablado con él, habríamos dicho: «Comprobamos que su experiencia y la nuestra son muy semejantes. Él es más fiel, más santo y más profundamente instruido que nosotros; pero tiene que soportar las mismas pruebas que nosotros. Más aún, en algunos respectos es probado más duramente que nosotros».
No miren, pues, a los santos antiguos como exentos de flaquezas o de pecados; ni los miren con esa reverencia mística que casi nos haría idólatras. Su santidad es alcanzable incluso por nosotros. Somos «llamados a ser santos» por esa misma voz que los impulsó a su sublime vocación. Es deber de todo cristiano abrirse camino hasta el círculo interior de la santidad. Si estos santos nos superaban en sus logros, como ciertamente lo hacían, sigámoslos; emulemos su fervor y santidad. Tenemos la misma luz que ellos tuvieron, la misma gracia es accesible para nosotros, así que no deberíamos descansar satisfechos hasta igualarlos en carácter celestial. Ellos vivieron con Jesús, vivieron para Jesús, por tanto crecieron a semejanza de Jesús. Vivamos por el mismo espíritu que ellos, «mirando a Jesús», ¡y nuestra santidad pronto será evidente!
Fuente y atribución
Autor original: Charles Spurgeon
Título original: July 5 — Morning
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Charles Spurgeon, publicado originalmente en Grace Gems.