Aquel Médico es el que pronunció estas palabras. El poder del Hijo de Dios sobre las enfermedades morales y físicas de los hombres demuestra que él es justo el Médico que nuestra condición requiere. ¿Necesitas habilidad? Él la posee. ¿Compasión? La tiene. ¿Paciencia, ternura, perseverancia? Todas pertenecen a Jesús. ¡Admirable Médico! Ninguna enfermedad puede frustrarte, porque eres divino; ningún sufrimiento puede dejarte indiferente, porque eres humano. ¿Están despiertas tus ansiedades, lector, por algún ser amado que ahora se consume en enfermedad, quizá en circunstancias de extremo peligro? En fe sencilla, llama a este Médico. Sea tuya la oración de Moisés por Miriam, presentada con la fe y la insistencia de la madre sirofenicia: «Sánala ahora, oh Señor, te ruego». «Iré y la sanaré» será su respuesta. No juzgues el caso superior a su habilidad.
Cuando el poder humano ha llegado a su fin, cuando la ciencia y el afecto nada pueden hacer, cuando el hombre se retira y la esperanza se apaga, y el ser amado es abandonado a la muerte, entonces ver al Señor avanzar y tomar el caso en sus manos, deteniendo la enfermedad, devolviendo el vigor al cuerpo y el brillo a los ojos, levantándolo como de la misma tumba: ¡cuán glorioso aparece él en aquella cámara de enfermos! ¿Quién inclinó su oído al susurro que pedía auxilio? Fue el Hijo de Dios. Y si esa enfermedad termina en el sueño de la muerte, ¿es él menos glorificado? Pregunta al espíritu que acaba de salir de su morada terrenal y se eleva a su hogar celestial, ahora más blanco que un ángel no caído, reposando en el seno de su Salvador. El, «que abolió la muerte y trajo a luz la vida y la inmortalidad por el evangelio», recibe toda la gloria.
Fuente y atribución
Autor original: Octavius Winslow
Título original: Evening Thoughts - April 21
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Octavius Winslow, publicado originalmente en Grace Gems.