Vemos en que Simón lleve la cruz un cuadro de la obra de la Iglesia a través de todas las generaciones; ella es la portadora de la cruz tras Jesús. Nota entonces, cristiano, que Jesús no sufre de modo que excluya tu sufrimiento. Él lleva una cruz, no para que tú la evites, sino para que la soportes. Cristo te exime del pecado, pero no del dolor. Recuerda eso, y espera sufrir. Pero consolémonos con este pensamiento: que en nuestro caso, como en el de Simón, no es nuestra cruz, sino la cruz de Cristo la que llevamos. Cuando seas molestado por tu piedad; cuando tu religión atraiga sobre ti el ensayo de burlas crueles, entonces recuerda que no es tu cruz: es la cruz de Cristo; ¡y cuán delicioso es llevar la cruz de nuestro Señor Jesús!
Llevas la cruz tras Él. Tienes compañía bendita; tu camino está marcado por las huellas de tu Señor. La marca de su hombro ensangrentado está sobre aquella pesada carga. Es su cruz, y Él va delante de ti como un pastor va delante de sus ovejas. Toma tu cruz cada día, y síguelo.
No olvides, tampoco, que llevas esta cruz en asociación. Es opinión de algunos que Simón solo llevó un extremo de la cruz, y no toda ella. Eso es muy posible; Cristo puede haber llevado la parte más pesada, contra la viga transversal, y Simón el extremo más ligero. Ciertamente es así contigo: solo llevas el extremo ligero de la cruz; Cristo llevó el extremo más pesado. Y recuerda, aunque Simón tuvo que llevar la cruz por muy poco tiempo, ello le dio honor duradero. Así también, la cruz que llevamos es solo por un breve momento a lo sumo, y entonces recibiremos la corona, ¡la gloria! Seguramente deberíamos amar la cruz, y en vez de rehuirla, tenerla por muy preciosa, cuando nos produce "un peso eterno y sobremanera glorioso de gloria!"
Fuente y atribución
Autor original: Charles Spurgeon
Título original: April 5 — Morning
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Charles Spurgeon, publicado originalmente en Grace Gems.