Micaías fue un profeta temeroso de Dios. Su fidelidad al Señor resalta con sorprendente claridad frente a la política mundana de Josafat, rey de Judá, quien se alió con Acab, rey de Israel. Esa alianza, como toda unión de lo santo con lo profano, se convirtió en fuente de angustia y dolor para el rey. El Señor encomendó a Micaías un mensaje solemne para Acab: contenía una prohibición y advertía de un peligro. Era un mensaje incómodo para aquel monarca impío y obstinado. Otros profetas, deseosos de congraciarse con Acab, habían pronunciado palabras halagadoras, impulsándolo por un camino contrario al mandato divino y ruinoso para su reinado. En ese instante crítico, Micaías, el verdadero profeta del Señor, urgido a sumarse a los falsos profetas y decir lo que Dios no había dicho, se negó a desobedecer. Su respuesta fue noble: «Vive Jehová, que lo que mi Dios dijere, eso hablaré». Para él, el favor de Acab no pesaba nada frente a la reverencia y la obediencia debidas a la palabra del Dios viviente.
Soy discípulo de Cristo. Entonces debo creer y aceptar únicamente lo que el Señor mi Dios ha hablado. Guardado de las invenciones humanas y de toda enseñanza que me aparte de la sencillez de la verdad en Jesús, debo tener un «Así dice el Señór» para todo lo que abrazo. A la ley y al testimonio. Con esta regla divina debo examinarlo todo, cuidando no solo cómo oigo, sino también qué oigo. Que el Señor profundice mi reverencia por su Palabra, confirme mi fe en su divinidad y la haga más dulce que la miel para mi gusto. En toda prueba, dolor y necesidad, sea ella mi consuelo y sostén; y cuando llegue la hora de partir, que sus preciosas promesas acerquen a Jesús a mi alma.
Fuente y atribución
Autor original: Octavius Winslow
Título original: REVERENCE FOR GOD'S WORD
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Octavius Winslow, publicado originalmente en Grace Gems.