Hay quienes piensan que todo sacrificio por amor a Cristo es un desperdicio. Creen que el dinero dado para construir iglesias o enviar misioneros a los paganos se desperdicia. Creen que se desperdician las vidas entregadas a Cristo y sacrificadas en su servicio. Pero ¿es así? ¿Acaso es realmente el dinero gastado en el avance del reino de Cristo el que se desperdicia? ¿Son esas las vidas desperdiciadas, las que se derraman por amor a Cristo?
Hay dinero que se desperdicia; pero es el que se usa para fines egoístas y pecaminosos, o el que se malgasta en los excesos de la mundanalidad. Hay vidas que se desperdician; pero son aquellas que se tiran por caminos de maldad, sacrificadas en el placer, en la disipación, en la lujuria, en los fuegos de las pasiones.
En verdad, todas las vidas se desperdician si no se pierden por amor a Cristo; ¿no dijo él: «El que salve su vida, la perderá»? Retener la propia vida lejos de Cristo es, por tanto, desperdiciarla. Es muy sugestivo que nuestro Señor use la misma palabra para «desperdicio» cuando describe a Judas como «hijo de perdición». Judas había desperdiciado algo más precioso que el perfume de nardo: el don de la vida eterna que alguna vez estuvo a su alcance. Lo que damos a Cristo es, en realidad, todo lo que no desperdiciamos de nuestra vida y de nuestros bienes.
Fuente y atribución
Autor original: J. R. Miller
Título original: Miller's Year Book - May 6
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. R. Miller, publicado originalmente en Grace Gems.