Adjunto a cada credo o confesión de fe de la cristiandad protestante puede encontrarse, en sustancia, lo siguiente: «Las Escrituras del Antiguo y Nuevo Testamento contienen la Palabra de Dios, y son la única regla infalible de fe y práctica». Así, los credos compilados por los hombres hacen confesión de su propia culpa, pues admiten que son falibles. Han sido calificados con razón de «apéndices innecesarios».
Si un credo contiene más de lo que hay en la Biblia, entonces contiene demasiado.
Si contiene menos de lo que hay en la Biblia, entonces contiene muy poco.
Si contiene lo mismo, entonces es innecesario.
Por supuesto, no podría objetarse que una iglesia imprima y difunda una declaración de lo que cree y practica; pero ninguna iglesia tiene autorización bíblica para hacer de tal declaración algo vinculante, o una prueba de comunión eclesial. En la iglesia primitiva, la prueba de comunión era la confesión de fe en Cristo. Los credos humanos son divisorios, pues ningún credo obtiene aprobación universal; mientras que todos los cristianos verdaderos aceptan la Palabra de Dios.
Los credos humanos son innecesarios, pues tenemos la Biblia, que todos reconocen como la fuente de la cual han sido extraídos todos esos pequeños arroyos (los credos). ¿Quién dejaría la fuente para beber en el pequeño arroyo muy abajo? Suponemos que nadie que comprenda la superioridad de aquella sobre este sería culpable de tal inconsistencia; y, sin embargo, esto es justamente lo que hacen los defensores de los credos humanos.
El Nuevo Testamento enseña, con explicitud inconfundible, que el verdadero credo del cristiano no es un manifiesto de proposiciones, sino una vida personal: la vida de Cristo.
Fuente y atribución
Autor original: J. C. Pittman
Título original: Verdad ilustrada 57
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Pittman, publicado originalmente en Grace Gems.