Los Atributos de Dios

Los decretos de Dios: el plan eterno que gobierna todas las cosas

Una reflexión sobre los decretos soberanos de Dios, expresión eterna de su voluntad y sabiduría, que ordenan cuanto sucede y afirman la seguridad del creyente.

«El consejo del Señor permanece para siempre, los designios de su corazón, por todas las generaciones.» Salmo 33:11

Antes de que el tiempo comenzara—cuando nada existía sino el Dios trino y autosuficiente—Él, en su infinita sabiduría y soberano placer, ordenó TODO lo que habría de suceder. Sus decretos no son conjeturas ni reacciones, pues el Todopoderoso nunca es tomado por sorpresa. Más bien, son las expresiones eternas de su voluntad, el plan fijo e impecable mediante el cual todas las cosas llegan a su cumplimiento.

Los decretos de Dios son absolutos y abarcantes. Desde las revoluciones de las galaxias, hasta la caída de una sola hoja; desde el surgimiento de las naciones, hasta la salvación de las almas—nada ocurre al margen de su propósito soberano. Ni un solo átomo se mueve, ni un solo latido late—excepto por su designio soberano.

Estos decretos divinos no son leyes mecánicas, sino los consejos santos y sabios del Dios viviente. Se les llama su «consejo» para reflejar su sabiduría consumada, y su «voluntad» para mostrar que actúa con absoluta libertad—sujeto a nadie sino a sí mismo. Cada decreto está... arraigado en un entendimiento infinito, guiado por un amor perfecto y ejecutado con precisión impecable.

Tal verdad aplasta el orgullo del hombre—no somos seres autónomos trazando nuestro propio rumbo. Todos nuestros días fueron escritos en su libro, antes de que existiera uno solo de ellos. Lo que llamamos circunstancias no es sino el despliegue de su plan eterno. Rebelarse contra la providencia de Dios es cuestionar su bondad; murmurar contra su voluntad es negar su sabiduría.

Sin embargo, para el creyente, esta misma verdad es un manantial de profunda seguridad. Nuestra salvación no es un accidente. No es una reacción divina ante la fe humana—sino el despliegue de la elección eterna de Dios. Como está escrito, «Él nos escogió en Él antes de la fundación del mundo» (Efesios 1:4). La cruz de Cristo no fue un plan de rescate ideado a toda prisa, sino «según el determinado consejo y anticipado conocimiento de Dios» (Hechos 2:23).

Esta es la roca firme de nuestra paz. Si nuestras vidas están regidas por el consejo inmutable del Altísimo, entonces... cada prueba tiene un sentido, cada dolor está medido, y cada gozo es un regalo de su mano. Todo obra conjuntamente, no al azar, sino redentoramente—para la gloria de Dios, y para el bien de los que le aman.

Postremos, pues, en reverencia ante su soberana majestad. Descansemos en la sabiduría de su plan y regocijémonos en la certeza de sus propósitos. El Señor ha hablado—y su consejo permanecerá.

«Oh Señor Soberano, ¡cuán majestuosos son tus caminos, y cuán perfectos son tus decretos! Enséñanos a postrarnos ante tu sabiduría, y a confiar en tu providencia. Perdona nuestras dudas y nuestro orgullo. Concédenos gracia para regocijarnos en tus propósitos, aun cuando no los entendamos. Que vivamos cada día en humilde sumisión, confiados en que Tú obras todas las cosas para tu gloria y para nuestro bien eterno. En el nombre de Jesús oramos.»

«El Señor Todopoderoso ha jurado: Ciertamente, como lo he pensado, así sucederá, y como lo he propuesto, así se cumplirá.» Isaías 14:24

Fuente y atribución

Autor original: Arthur Pink et al.

Título original: The Attributes of God — The Decrees of God

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Arthur Pink et al., publicado originalmente en Grace Gems.

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