Hay una circunstancia que hace a esta parábola particularmente interesante. Describe el carácter de todas las personas que oyen el evangelio; por tanto, debe describir el nuestro. Esforcémonos, con la ayuda de Dios, por descubrir a qué clase pertenecemos.
Primero, están los oyentes del camino: parecen personas descuidadas, cuyas mentes son tan triviales que, aunque oyen las palabras del predicador, no reflexionan sobre su significado. Sabemos que la semilla representa la palabra de Dios, ya sea pronunciada por fieles ministros y padres, o instructores o amigos, o comunicada de cualquier manera a la mente. Pero aunque la semilla es buena, no brota en todo corazón. ¿Por qué no? Porque no todo corazón está preparado para recibirla. Así como un sendero pisado es un suelo no preparado para recibir la semilla, así un corazón lleno de pensamientos triviales no está preparado para recibir el evangelio. Tal corazón considera una carga la instrucción religiosa y se alegra cuando termina el sermón y se concluye el capítulo.
Es de temer que cada congregación contiene muchos de estos oyentes descuidados, que escuchan los sermones con poco interés; pero aun en el camino, una semilla podría brotar de vez en cuando, si no fuera por los transeúntes que la pisotean y por las aves que la recogen. ¡Cómo podemos calcular la cantidad de bien que es impedido por aquellos espíritus que pululan en el aire! Todos están reunidos bajo un solo comandante experimentado, aun aquella antigua serpiente que tentó a nuestros primeros padres. Satanás sabe escoger las oportunidades más favorables para ejercer su poder. Es después que se han predicado sermones fieles cuando sus huestes están alerta para borrar toda impresión que pueda haberse hecho. Las personas más expuestas a sus ataques son los inconsiderados, que no han elevado oraciones pidiendo bendición sobre la instrucción recibida. ¡Qué estragos se hacen cada noche de domingo y cada mañana de lunes en los caminos donde poco antes se vio al predicador fiel sembrando! Si Satanás encontrara a las personas esforzándose por fijar el sermón en sus corazones mediante la oración y la meditación, no tendría tanto éxito. Pero ¿ha de extrañar que triunfe, cuando encuentra a tantos que descuidan la oración secreta?
La siguiente clase de oyentes parece a primera vista más esperanzadora que los del camino. La semilla cae a veces en terreno pedregoso, donde hay un poco de tierra ligera, aunque seca; pronto brota, pero pronto se marchita con el calor del sol. Los oyentes de terreno pedregoso reciben la palabra con gozo. Cuando oyen el evangelio, atienden, recuerdan, se deleitan, se proponen ser cristianos; comienzan a hacer muchas cosas rectas, pero cuando hallan dificultades en su camino cambian de parecer y se vuelven tan mundanos como antes. ¿Cuál es la razón? Que sus corazones nunca fueron ablandados por el Espíritu Santo. Nunca fueron convencidos de pecado, nunca se arrepintieron. El arrepentimiento es el principio de la religión. El primer sermón de nuestro Salvador fue: "Arrepentíos." Si pensamos que podemos ser cristianos sin arrepentimiento, nos equivocamos. Debemos ser llevados a ver qué criaturas tan desagradecidas hemos sido con nuestro mejor Amigo. Debemos ser conducidos a lamentar tal ingratitud y a suplicar perdón y gracia. Pablo pasó tres días en ayuno después de su conversión, antes de que Ananías viniera y le dijera: "Levántate y sé bautizado, y lava tus pecados." Los cristianos pueden sentir distintos grados de dolor; pero todos se entristecen. Los que no han sentido dolor piadoso serán fácilmente inducidos a volver al mundo; jamás consentirán en hacer ningún gran sacrificio por amor a Cristo. No pueden resolverse a renunciar a una perspectiva brillante, o a perder una posición ventajosa, o a perder el favor de personas honorables. ¡No! Antes renunciarán a su profesión religiosa, perderán sus esperanzas del cielo y malograrán el favor del Dios glorioso.
Fuente y atribución
Autor original: F. L. Mortimer
Título original: The explanation of the former part of the parable of the sower
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de F. L. Mortimer, publicado originalmente en Grace Gems.