Porciones diarias

Los peregrinos anhelan lo celestial porque han gustado lo divino

Los antiguos peregrinos deseaban algo que sabía a Dios, una religión celestial que purifica el corazón del amor al mundo. Sólo un elemento celestial en el alma permite deleitarse en las cosas del cielo.

Al desear una patria mejor, estos antiguos peregrinos querían algo celestial, algo que supiera a Dios, oliera a Dios, gustara a Dios y fuera dado por Dios: una religión celestial, una fe espiritual, una esperanza graciosa y un amor derramado en el corazón por el Espíritu Santo; algo que viniera del cielo y condujera al cielo; que diera sentimientos celestiales, sensaciones celestiales, deleites celestiales y gozos celestiales, por los cuales el corazón fuera purificado del amor al pecado, la carnalidad y la mundanalidad al tener algo más dulce que gustar, mejor que amar y más santo que disfrutar.

Son estas visitas celestiales, estos destellos del favor, la bondad y la misericordia de Dios, las que mantienen viva el alma en medio de sus muchas muertes, la endulzan entre sus muchas amarguras, la sostienen entre sus muchos hundimientos y la guardan de ahogarse mientras lucha con muchas aguas.

Una mente carnal no tiene gusto por las cosas celestiales, ni dulce deleite en la palabra de Dios; ni deleite en el Señor Jesús al revelarse en la palabra; ni deleite en los deberes del aposento, la meditación secreta, el escudriñar las Escrituras, la comunión con Dios o aun en la compañía de los queridos de la familia de Dios. Ha de haber un "elemento celestial" en el alma para entender, realizar, disfrutar y deleitarse en las cosas celestiales. El Espíritu Santo ha de haber obrado en nosotros un corazón nuevo, una naturaleza nueva, capaz de entender, disfrutar y deleitarse en las realidades celestiales, por contener éstas lo que es dulce y precioso para el alma.

Deseaban, pues, una patria mejor, es decir, una celestial, una ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios; donde hay placeres para siempre a la diestra de Dios; donde el río puro del agua de vida fluye siempre; donde crece el árbol en cuyas hojas se hallan las hojas para la sanidad de las naciones; tal ciudad como describe Juan en el libro del Apocalipsis, donde todo es dicha, armonía y paz.

Fuente y atribución

Autor original: J. C. Philpot

Título original: September 28

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.

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