Es magnífica y expresiva la imagen con que el cristianismo presenta a la mente enlutada la partida de los hermanos en Cristo: no están muertos, están dormidos. Y surge al instante la pregunta: ¿qué es lo que ha cambiado tan radicalmente el aspecto de la muerte en la experiencia del creyente? ¿Qué inviste este momento tan solemne y temible de un carácter tan suavizado y mitigado? ¿Qué arroja alrededor de la almohada del santo que expira un aire de reposo tan sagrado, pacífico y sereno? Solo la expiación del Hijo de Dios da respuesta. La influencia de su muerte y el poder de su resurrección han transformado, en el caso de todos los que creen en Cristo, el carácter entero de la muerte. El Salvador, al morir, conquistó a la muerte: le arrancó su pálida corona, la derribó de su trono, le quebró su cetro soberbio y con su propia sangre lavó el veneno de su dardo. He aquí, la muerte ya no es el "rey de terror" para los que creen; para el cristiano, partir no es morir, sino dormir.
Y ¿qué es ese sueño? No es inconsciencia del alma. No es un estado intermedio de insensible letargo, de fría y silenciosa torpeza del espíritu a la espera de la voz del arcángel y la trompeta de Dios. El creyente duerme, pero es el sueño del cuerpo, no del alma. "Ausente del cuerpo", en la plena, nublada e indemne conciencia, inteligencia y gozo del espíritu, está "presente con el Señor". La muerte para él es solo un cambio de lugar, no de estado. Así como el sueño natural del cuerpo no es la extinción ni la suspensión momentánea de las facultades intelectuales del alma, así, cuando la muerte haya sellado en profunda inconsciencia los sentidos materiales, lo inmortal y eterno se expande entre las glorias y maravillas del mundo espiritual. Duermen "en Jesús", que es la "Resurrección y la Vida"; ¿cómo podría el alma estar inconsciente si permanece en unión personal e inmutable con Aquel que dijo: "Porque yo vivo, también vosotros viviréis"? El sueño del creyente en Jesús es reposo pleno del cuerpo y la mente, un descanso precioso que ilumina con una sonrisa aun el rostro adusto del último enemigo.
Fuente y atribución
Autor original: Octavius Winslow
Título original: Evening Thoughts - October 19
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Octavius Winslow, publicado originalmente en Grace Gems.