Destellos desde las ventanas de la vida

Los recados del Maestro para sus pequeños

Una historia de Lady Augusta Stanley nos enseña que cuando un sufriente nos necesita, todo lo demás debe quedar a un lado para acudir con prontitud al mandato de amor de Cristo.

Cuenta una hermosa historia de Lady Augusta Stanley. Un día, cuando ya estaba vestida para una recepción en el palacio de la reina, llegó un mensajero con gran prisa desde uno de los hospitales. Una pobre mujer, a quien Lady Stanley había visitado y consolado a menudo, estaba a punto de someterse a una dolorosa operación quirúrgica. Cuando los cirujanos llegaron para realizar la operación y se lo comunicaron, ella rogó que llamaran a Lady Augusta. «Si ella me toma de la mano —dijo la mujer—, podré soportarlo.» Lady Stanley estaba a punto de salir para asistir a la reina, pero, echándose una capa sobre su elegante vestido, se apresuró a ir al hospital en su lugar. Se sentó junto a la pobre sufridora, le dijo unas pocas palabras valientes y alegres, y luego le sostuvo la mano hasta que la operación terminó.

Este incidente ilustra la manera en que siempre deberíamos responder a los llamados de Cristo al ministerio, a cualquiera de sus pequeños. No importa cuán ocupados estemos, cuando un sufriente nos necesita, todo debe quedar a un lado para que podamos acudir con prontitud al recado del amor. Pudiéramos estar procurando obtener el descanso que necesitamos, esperando que nada nos moleste; pero si el dolor o el sufrimiento humano nos necesita, debemos renunciar a nuestro descanso.

Los recados del Maestro para sus pequeños son siempre los primeros deberes. No osamos descuidarlos, ni podemos posponerlos, porque no pueden esperar a nuestra conveniencia.

Fuente y atribución

Autor original: J. R. Miller

Título original: The Master's errands to His little ones

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. R. Miller, publicado originalmente en Grace Gems.

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