¿Acaso no habría muerto Lázaro si Jesús hubiera estado allí? ¿No leemos que, precisamente porque amaba a la familia de Betania y porque supo de la enfermedad de Lázaro, permaneció dos días más después de que llegara el mensajero? ¿No dijo también que se alegraba de no haber estado allí antes de la muerte de Lázaro?
Al menos una cosa sabemos: fue mejor que las cosas sucedieran así; mejor que Lázaro no fuera sanado, sino que muriera, y que luego se manifestara el poder de Cristo en su resurrección. Fue, por tanto, un «si» incrédulo, y además infundado, el que brotó de los labios de Marta.
Pero todos nosotros somos propensos a dejar caer «si» semejantes de nuestros labios cuando nos llega la aflicción. Si solo hubiéramos probado con otro médico, o si hubiéramos tomado el asunto en nuestras manos un poco antes, nuestro amigo no habría muerto. A veces sentimos que la tristeza es una prueba de que Dios no escuchó nuestras oraciones. Si tan solo hubiera oído nuestro clamor, la prueba se habría evitado. Sin embargo, nos basta con leer esta historia hasta el final para comprobar que el camino de Cristo era aquí el mejor camino, como siempre lo es.
Con tristeza vimos el final de todo,la vida pendiendo de un aliento;vimos caer sobre sus rasgosla sombra terrible de la muerte.Todo era oscuridad y desamparo,y la naturaleza, quejumbrosa, clamaba:«¡Oh, seguramente, Señor, si hubieras estado aquí,mi hermano no habría muerto!»
Pero cuando el doliente lanzó su miradasobre todo lo que la gracia había hecho,y pensó en la larga guerra de la vida ya pasaday en la victoria sin fin alcanzada,la fe, vencedora, enjugó las lágrimasy, levantando los ojos, clamó:«¡Oh, seguramente, Señor, has estado aquí,y nuestro hermano no ha muerto!»
Fuente y atribución
Autor original: J. R. Miller
Título original: Unbelieving "Ifs"
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. R. Miller, publicado originalmente en Grace Gems.