¡Qué pobres y ciegos necios somos por naturaleza! Toda nuestra sabiduría terrenal y todo nuestro conocimiento natural resultan insuficientes para guiarnos a la verdad. Cuando el alma se halla realmente bajo la enseñanza divina, ¡cuán ignorante se siente respecto a cada cosa que desea conocer! Nubes de tinieblas penden perpetuamente sobre la mente, y un velo de ignorancia parece tenderse sin cesar sobre el corazón. Las verdades más sencillas de la Palabra de Dios quedan escondidas en la más profunda oscuridad, y el alma no logra ver la verdad ni percibir su interés personal en ella.
Cuando un hombre se halla en tal estado, no acude al Señor con labios mentirosos y lengua burladora para pedirle sabiduría simplemente porque ha oído que otros la pidieron, o porque lee en la Biblia que Cristo es hecho «sabiduría» para su pueblo; sino que acude como un pobre ciego, como uno completamente ignorante, totalmente incapaz de entender por sí mismo una sola verdad espiritual, enteramente impotente para penetrar la médula de la piedad viva, los misterios de la verdadera religión o el mismo corazón de Cristo. Pues no son unas cuantas doctrinas recibidas en la cabeza ni un credo ortodoxo lo que puede satisfacer a un alma convencida de su ignorancia.
No; nada puede satisfacerla sino aquella iluminación divina mediante la cual «ve la luz en la luz de Dios»; aquella sabiduría espiritual comunicada, por la cual se siente «sabio para salvación»; aquella luz unciosa derramada en el corazón, que es la única llave de la verdad del evangelio y la prueba bendita de que conoce la verdad por una aplicación divina de ella a su alma.
Fuente y atribución
Autor original: J. C. Philpot
Título original: September 5
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.