En otras palabras, no se trata de un mero esfuerzo, sino de un esfuerzo conforme a ciertas reglas. Pero estas reglas son espirituales; y al serlo, excluyen todo lo de los sentidos, la razón y la naturaleza. Ahora bien, el hombre no regenerado, ya esté en estado de profanidad o en estado de profesión, no tiene conocimiento espiritual del camino de la victoria. Puede luchar contra sus pasiones; puede esforzarse por vencer aquello contra lo que su conciencia da testimonio; pero no es coronado, porque no lucha legítimamente. Lucha en su propia fuerza; contendiene en su propia sabiduría; y confía en su propia justicia. Tales luchadores y vencedores, si alguna vez lo son, no son coronados, porque no luchan según las reglas establecidas en la Palabra de Dios. Esto excluye de raíz toda justicia de la criatura, toda sabiduría humana y toda fuerza natural, y coloca la corona, no en la cabeza de la criatura, sino en la cabeza del Redentor.
Hay, pues, ciertas reglas establecidas en la Escritura, conforme a las cuales hemos de pelear y vencer. Por ejemplo, el Señor de la vida y de la gloria es presentado en la Palabra como nuestro modelo: «Él nos dejó ejemplo, para que sigamos sus pisadas». Él peleó la batalla antes que nosotros; y alcanzó la victoria, no solo para sí, sino para su pueblo; y nos ha dejado aquí abajo para caminar en sus pisadas y vencer del mismo modo que él, como leemos: «Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono; así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono». Todo esfuerzo y toda victoria, pues, que no sea en las pisadas de Cristo, y precisamente, en cierta medida, del mismo modo en que Jesús luchó y venció, no es la victoria coronada con la aprobación de Dios.
Fuente y atribución
Autor original: J. C. Philpot
Título original: August 17
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.