La santidad práctica exterior es una marca de gracia muy preciosa. Es de temerse que muchos profesantes hayan pervertido la doctrina de la justificación por la fe de tal manera que traten con desprecio las buenas obras; si así fuere, recibirán eterno menosprecio en el último gran día. Si nuestras manos no están limpias, lavémoslas en la preciosa sangre de Jesús, y así levantemos manos puras a Dios. Pero «manos limpias» no bastarán, a menos que estén unidas a «un corazón puro». La verdadera religión es asunto del corazón. Podemos lavar el exterior del vaso y del plato cuanto queramos, pero si las partes internas están sucias, somos del todo sucios a la vista de Dios, pues nuestros corazones son más verdaderamente nosotros mismos que nuestras manos; la mismísima vida de nuestro ser reside en la naturaleza interior, y de ahí la necesidad imperiosa de pureza dentro. Los puros de corazón verán a Dios; todos los demás no son sino ciegos murciélagos.
El hombre que ha nacido para el cielo «no ha elevado su alma a la vanidad». Todos los hombres tienen sus goces, por los cuales sus almas son enaltecidas; el mundano eleva su alma en deleites carnales, que son meras vanidades vacías; pero el santo ama cosas más sustanciales; como Josafat, él es enaltecido en los caminos del Señor. ¡El que se contenta con las vainas será contado con los cerdos! ¿Te satisface el mundo? Entonces tienes tu recompensa y tu porción en esta vida; disfruta mucho de ella, porque no conocerás otro gozo.
«Ni jurado con engaño». Los santos son aún hombres de honor. La palabra del cristiano es su único juramento; pero vale tanto como veinte juramentos de otros hombres. El hablar falso excluirá a cualquier hombre del cielo, pues un mentiroso no entrará en la casa de Dios, cualesquiera que sean sus profesiones o sus obras. Lector, ¿te condena el texto que tenemos delante, o esperas subir al monte del Señor?
Fuente y atribución
Autor original: Charles Spurgeon
Título original: July 4 — Evening
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Charles Spurgeon, publicado originalmente en Grace Gems.