Las Escrituras han establecido ciertas marcas no solo para probar, sino también para consolar al pueblo de Dios. Pero a fin de mantenerlos temblando vivos ante el temor de ser engañados, y a fin de levantar un faro eficaz para que su nave no se estrellara contra las rocas, el bendito Espíritu ha revelado pasajes como los que hallamos en los capítulos sexto y décimo de la Epístola a los Hebreos. Parecen alzados por el Espíritu de Dios como un faro a la entrada de un puerto. Con frecuencia un banco de arena o un escollo se halla cerca de la entrada de un puerto, contra el cual debe guardarse el marinero; ¿cómo se le protege? Se erige un faro sobre o cerca del lugar, que le advierte del escollo. Yo considero los capítulos sexto y décimo de la Epístola a los Hebreos como dos faros alzados cerca de la entrada del puerto de la seguridad eterna. Y su lenguaje es: "¡Cuidado con este escollo! ¡Atención a aquel banco de arena! Hay dones sin gracia; hay profesión sin posesión; hay forma sin poder; hay un nombre de vivir mientras el alma está muerta."
El escollo suele estar precisamente a la entrada del puerto, y cuando la nave se dirige al refugio, el banco de arena se interpone en su mismo rumbo; pero al acercarse, el faro amigo no solo le advierte del escollo, sino que también le señala el paso seguro. Así, en lo espiritual, por medio de estos dos capítulos muchos del pueblo de Dios han visto qué escollos hay en el camino, y quizá, antes de ser apartados, se acercaron lo suficiente para ver las naves naufragadas. Esas naves gallardas que zarparon del mismo puerto que ellos las han visto estrellarse contra las rocas, perdida su carga, y los cuerpos sin vida y los fragmentos rotos flotando entre las olas. Pero esas nunca buscaron el faro ni vieron el banco; iban ebrios o profundamente dormidos; estaban seguros de ir al cielo; y seguían adelante, temerarios e inconscientes, hasta que la nave chocó contra el escollo y pereció toda la tripulación.
Estos terribles avisos y solemnes admoniciones me parecen escritos de tal modo que rocen, por así decirlo, lo más vivo de la carne del hombre. Y aparecen redactados en un lenguaje de estudiada ambigüedad para que sean pasajes probadores; más aún, la hermosura y eficacia de ellos, y el verdadero bien que han de obrar, radica en su ambigüedad, de manera que el pueblo de Dios reciba por ellos una advertencia más solemne y clame al Señor con más empeño para no ser engañado. No son, pues, los hijos de Dios pobres y desalentados, probados por estos pasajes, quienes tienen motivos para temer; el ser así probados muestra que su conciencia está tierna en el temor de Dios, y que son "la tierra que bebe la lluvia que a menudo cae sobre ella, y que produce hierbas útiles para aquellos por quienes es cultivada, recibiendo bendición de Dios"; y que no son aquella "que produce espinos y abrojos, que es desechada y está cerca de maldición, cuyo fin es ser quemada". Así, esos mismos temores y sospechas con que muchos del pueblo de Dios son ejercitados, provocando fuertes clamores al Señor para que les enseñe, guíe y conduzca, son otras tantas benditas pruebas de que no son personas sin gracia, sino participantes de la gracia de Dios, y al mismo tiempo evidencian "que aquel que comenzó en ellos la buena obra" la proseguirá y "la perfeccionará hasta el día de Jesucristo", y los llevará al gozo eterno de Dios, para que vean a Dios por sí mismos, y no a otro.
Fuente y atribución
Autor original: J. C. Philpot
Título original: November 24
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.