No es de extrañar que María cantara aquel día. A la puerta cerrada del jardín del Edén se había dado la promesa de un Salvador, un Salvador que sería «la simiente de la mujer». Desde entonces, a lo largo de toda la línea del pacto, cada mujer albergaba la esperanza de ser la madre de ese Salvador. Pasaron los siglos, y generaciones de corazones decepcionados vieron desvanecerse sus anhelos. Por fin, un día, un mensajero celestial vino a esta humilde doncella de Nazaret y le anunció que sería la madre de este tan esperado Mesías. ¡Qué gloria tan inmensa! No es de maravillar que se regocijara. Un estribillo de su cántico fue: «Engrandece mi alma al Señor».
No podemos hacer a Dios más grande de lo que es; Él no necesita nada de nosotros. ¿Acaso puede una vela añadir algo al esplendor del sol en su mediodía? Sin embargo, sí podemos hablar de Dios a otros de tal manera que Él les parezca más grande. Se decía en alabanza de un célebre predicador que, en sus sermones, hacía parecer a Dios muy grande. Podemos declarar la bondad y la gracia de Dios. Y podemos vivir nosotros mismos de manera que lo honremos, y así engrandecer su nombre.
Retzsch, un escultor alemán, hizo una maravillosa estatua del Redentor. Durante ocho años fue el sueño de sus noches y el pensamiento de sus días. Primero modeló una figura en arcilla y la puso delante de un niño de cinco o seis años. La figura no tenía ninguna de las marcas emblemáticas habituales: ni cruz, ni corona, nada que la identificara. Sin embargo, cuando el niño la vio, exclamó: «¡El Redentor! ¡El Redentor!» Fue un triunfo maravilloso del arte. Así también nosotros deberíamos exhibir en nuestra vida y carácter tal reproducción de la nobleza y la hermosura de Cristo, que todo el que nos contemple reconozca instintivamente los rasgos y diga: «¡He aquí la imagen de nuestro Redentor!» No hay otra manera de engrandecer al Señor que impresione tanto al mundo.
Fuente y atribución
Autor original: J. R. Miller
Título original: Magnificat
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. R. Miller, publicado originalmente en Grace Gems.