Flores de un jardín puritano

Más vale oro opaco que latón reluciente

Spurgeon advierte que el creyente fingido puede parecer más alegre y sereno que el cristiano verdadero, pero que las luchas, dudas y temores del hijo de Dios son pruebas de vida espiritual real.

Una moneda falsificada puede lucir mejor y más brillante que la verdadera, y sin embargo ser del todo inútil. Y del mismo modo, un falso profesor de religión puede por un tiempo parecer más brillante que un cristiano verdadero. No está abatido, pues no tiene ninguno de esos combates interiores que causan a los creyentes sinceros tanta angustia del alma. No está triste, pues no tiene arrepentimiento del corazón al recordar aquellas faltas que humillan al hijo vivo de Dios. Dudas y temores no tiene, pues estos son el musgo que crece sobre la fe, y de esta gracia él carece por completo. Fracasos en santidad, pérdida de comunión con Dios, falta de éxito en la oración, heridas de conciencia, todo lo cual les sucede a los escogidos de Dios, no se le acercan, pues es un extraño al principio interior y sensible del cual estos son señales de gracia salvadora.

Tristes hijos de Dios, no os desaniméis del todo por el temperamento parejo y las tranquilas seguranzas de estos hombres, porque ellos sí serán turbados cuando llegue la hora de la prueba. En cuanto a vosotros, vuestras piadosas inquietudes y santas ansiedades son una prueba de la realidad de vuestra vida espiritual, y evidencias de gracia que debieran consolaros.

Los muertos no sufren con los cambios de tiempo. Las meras imitaciones de la vida, como pinturas y estatuas, no saben nada de los dolores y penas de los hombres vivos.

Compadecéos de quienes nunca pasan por tribulación del alma, y bendecid al Señor por no haberos dejado a su paz vana y falsa esperanza. ¡Más vale oro opaco que latón reluciente!

Fuente y atribución

Autor original: Charles Spurgeon

Título original: Better be dim gold —than shining brass!

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Charles Spurgeon, publicado originalmente en Grace Gems.

Comparte esta lectura