La soledad endulzada

Mi cuerpo débil espera la gloria eterna

La gracia no solo lucha contra el pecado sino contra la enfermedad corporal, y el creyente halla consuelo contemplando por la fe las glorias del mundo venidero, donde la adoración jamás cansa.

¡Oh! ¡Cómo gimo en este cuerpo de arcilla, este estorbo de la humanidad! Cuando querría servir a Dios con gozo, la naturaleza débil me estorba; mis fuerzas se agotan, y debo ser de nuevo reanimado con el sueño. La gracia no solo tiene al pecado contra el cual luchar, sino también la enfermedad corporal con la cual batallar. Y no tengo manera de hallar consuelo bajo mis calamidades de esta clase, que son tantas, sino contemplando con el ojo de la fe, por el telescopio de la Escritura, las glorias del mundo de arriba, cuando esto mortal se revista de inmortalidad y la muerte sea absorbida en vida. ¡Allí mis ojos cansados nunca buscarán ser reanimados con el sueño, en medio de las glorias cautivadoras de la casa superior!

El regocijo de este presente mundo malo, como una hechicera, adormece a los hombres hacia la destrucción eterna; pero los cantos del templo interior despiertan para toda la eternidad. Con la fuerza de un ángel caminaré por las colinas de gloria, y recorreré el paraíso de Dios. Con mayor facilidad proseguiré los más altos actos de adoración, que aquí abandonar los actos ordinarios de devoción; ¡pues será vida para mi alma y vigor para todas mis facultades el estar así empleado! Allí aquel que vierte el vino nuevo en los santos, capacita, fortalece y sostiene al alma para recibir el peso eterno de gloria. La meditación jamás cansará mis pensamientos al recorrer todos los laberintos del amor redentor. ¡Aleluyas eternas habitarán en mi lengua; y cómo mejoraré en el canto de arriba, mientras no descanso día ni noche cantando: “¡Digno es el Cordero que fue inmolado, de recibir gloria y honra, bendición y poder, dominio y alabanza, por los siglos de los siglos!”

Allí la visión ininterrumpida de aquel, a quien cuando vea seré semejante, fortalecerá mis ojos, de modo que podrán recibir las imágenes de todas las glorias celestiales. Ningún cansancio allí, donde el ejercicio de la adoración hace feliz. Ninguna debilidad, donde Jehová es mi fortaleza. Ninguna falta de tema, ¡donde el Señor Dios y el Cordero son mi canto! ¡Oh! ¿Podré alabar y adorar a Dios por toda la eternidad? ¡Cantar su ser y sus atributos, su amor y su misericordia, su justicia y su verdad, aun un Dios entero y una gloria plena! ¡Este será mi consumado deleite y mi goce continuo!

Pues bien, ¿qué importa que las horas del tiempo me roben sin que lo advierta? Me regocijo de que no perderé ni un instante por cansancio, mientras la eternidad ruede para siempre. ¡Oh! ¡Que yo aproveche esto para prepararme para aquello; pues si la eternidad no se asegura antes de que el tiempo se gaste, estoy perdido en ambos!

¡Rueda, oh día de amor, para perfeccionar la fortaleza en mi debilidad, y coronar a un pobre expectante con gloria eterna!

Fuente y atribución

Autor original: James Meikle

Título original: Feeble Nature

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de James Meikle, publicado originalmente en Grace Gems.

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