No fue poca bondad de nuestro Dios que, debiendo un solo objeto de salvación fijar la atención y la mirada del alma a lo largo del tiempo y de la eternidad, ese objeto fuera de excelencia sobresaliente y belleza sin igual. Que no fuera el más dulce serafín ni el más amable ángel del cielo, sino su propio Hijo, «el resplandor de su gloria, la misma imagen de su sustancia». Dios se deleita en lo hermoso; toda verdadera belleza emana de Él; «todo lo hizo hermoso». ¡Cuán digno de sí mismo, entonces, que al proveer un Salvador para el hombre caído y mandarle fijar el ojo de la fe suprema y exclusivamente en Él, ese Salvador uniera en sí toda belleza divina y humana, y fuera «el principal entre diez mil, el totalmente amable»!
Adoremos el nombre, ¡alabemos el amor de Dios por esto! Al mirar a Jesús para salvación, incluimos a cada persona divina de la gloriosa Trinidad. No podemos mirar a Jesús sin ver al Padre, pues Cristo es la revelación del Padre: «El que me ha visto, ha visto al Padre». Tampoco podemos contemplar a Jesús con exclusión del Espíritu Santo, porque solo el Espíritu imparte el ojo espiritual que ve a Jesús. Así, en la mirada creyente y salvadora que un pobre pecador dirige a Jesús, contempla una revelación de cada persona de la Trinidad, ocupada en concebir y realizar su eterna salvación. Dios ha depositado toda plenitud en Cristo para que, en toda necesidad, acudamos a Cristo. «Mirando a Jesús» para nuestra posición delante de Dios, para la gracia que nos sostiene y preserva para vida eterna, para el suministro del Espíritu que santifica el corazón, para la necesidad de cada día y el sostén de cada momento: en una palabra, mirando a Jesús para todo. Así ha simplificado Dios nuestra vida de fe en su amado Hijo.
Para la debilidad del ojo de la fe, Cristo ha provisto con solicitud. Su cuidado y ternura hacia los de gracia limitada, experiencia débil, conocimiento defectuoso y fe pequeña son exquisitos. Ha prometido «ungir los ojos con colirio, para que vean», y vean con más claridad. Acude a Él con tu caso y busca la fresca aplicación de este ungüento divino. No limites la realidad de tu vista a la cercanía o nitidez del objeto: la visión más distante y tenue de Jesús por la fe es tan real y salvadora como si fuera con la fuerza del ojo del águila. Levanta simplemente tu mirada y fíjala en Jesús; por distante que esté y por nebulosa que sea la visión, mirando a Jesús serás plena y eternamente salvo.
Fuente y atribución
Autor original: Octavius Winslow
Título original: Evening Thoughts - October 26
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Octavius Winslow, publicado originalmente en Grace Gems.