Todo lo que tenemos y somos, todo lo que conocemos y sentimos, procede del «Dios de toda gracia». No tenemos nada espiritualmente bueno en nosotros mismos; todo, por tanto, lo que tenemos es don gratuito de su mano y proviene de la fuente siempre manante de misericordia y verdad. Será nuestra misericordia, pues, conforme el Señor nos habilite, mirar siempre a él: no a los libros, no a los ministros, que son sólo instrumentos, y en sí pobres instrumentos. El alma ha de mirar a través de todo y por encima de todo al «Dios de toda gracia». El Señor te habilite para examinar toda verdad que se ponga delante a la luz del Espíritu de Dios en tu corazón, para «probarlo todo, y retener lo bueno».
Y por muy profundamente que sientas la vileza de tu corazón, recuerda esto: está el «Dios de toda gracia» a quien acudir. Si te sientes el más vil de los pecadores, él te conviene más como «Dios de toda gracia». Si te sientes oscuro, torpe y estéril, mayor razón para que clames al «Dios de toda gracia» para que reavive tu alma caída. Si algunos han perdido los goces pasados y ahora caminan «en tinieblas» que pueden sentirse, mayor razón para que busquen al «Dios de toda gracia», que supla sus necesidades de la plenitud de Cristo, la Cabeza del pacto. Sí, cualesquiera que sean las pruebas, perplejidades y tentaciones que acosan tu alma, sólo sirven para abrir camino al «Dios de toda gracia» a fin de que se manifieste. En cualquier aflicción en que te halles, será tu sabiduría, como será tu misericordia, mirar arriba a él para que conforte tu alma; y apartándote del hombre, como Ezequías volvió su rostro a la pared, encomendar tu caso a él.
Fuente y atribución
Autor original: J. C. Philpot
Título original: April 29
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.