Aunque morimos, y morimos a diario, he aquí que vivimos; y en cierto sentido, cuanto más morimos, más vivimos. Cuanto más morimos al yo, más morimos al pecado; cuanto más morimos al orgullo y a la propia justicia, más morimos a la fuerza de la criatura; y cuanto más morimos a la naturaleza pecaminosa, más vivimos para la gracia. Esto recorre toda la vida y la experiencia del cristiano. La naturaleza ha de morir para que la gracia viva. Las malas hierbas han de arrancarse para que el fruto crezca; la carne ha de ser privada para que el espíritu sea alimentado; el viejo hombre ha de ser despojado para que el nuevo sea vestido; las obras del cuerpo han de ser mortificadas para que el alma viva para Dios. Así, a medida que morimos, vivimos.
Este es el gran misterio: que el cristiano está siempre muriendo y, con todo, siempre viviendo; y cuanto más muere, más vive. La muerte de la carne es la vida del espíritu; la muerte del pecado es la vida de la justicia; y la muerte de la criatura es la mismísima vida de Dios en el alma. Cuanto más morimos a nuestra propia fuerza, más vivimos de la fuerza de Cristo; cuanto más morimos a la esperanza de la criatura, más vivimos de una buena esperanza por gracia; cuanto más morimos a nuestra propia justicia, más vivimos de la justicia de Cristo; y cuanto más morimos al mundo, más vivimos para el cielo.
Fuente y atribución
Autor original: J. C. Philpot
Título original: May 25
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.