¡Contempla el epitafio de todos aquellos santos benditos que durmieron antes de la venida de nuestro Señor! No importa cómo murieron, ya sea de vejez o por medios violentos; este punto, en el que todos coinciden, es el más digno de recordarse: «murieron todos en fe.» En fe vivieron: fue su consuelo, su guía, su motivo y su sostén; y en la misma gracia espiritual murieron, terminando su cántico de vida en el mismo dulce tono que habían sostenido por tanto tiempo. No murieron confiando en la carne ni en sus propios logros; no se apartaron de su primer modo de aceptación ante Dios, sino que se mantuvieron en el camino de la fe hasta el fin. La fe es tan preciosa para morir como para vivir.
Morir en fe tiene una clara referencia al pasado. Ellos creyeron las promesas que se habían dado antes, y estaban seguros de que sus pecados habían sido borrados por la misericordia de Dios.
Morir en fe tiene que ver con el presente. Estos santos estaban seguros de su aceptación ante Dios, disfrutaban los rayos de su amor y descansaban en su fidelidad.
Morir en fe mira al futuro. Se durmieron afirmando que el Mesías vendría seguramente, y que cuando apareciera en la tierra en los postreros días, ellos se levantarían de sus sepulcros para contemplarlo.
Para ellos los dolores de la muerte no fueron sino los dolores de parto de un estado mejor. Cobra ánimo, alma mía, al leer este epitafio. Tu carrera, por gracia, es una carrera de fe, y rara vez la vista te anima; este ha sido también el camino de los más luminosos y los mejores. La fe fue la órbita en la que se movieron estas estrellas de primera magnitud durante todo el tiempo de su resplandor aquí; y dichosa tú de que sea también la tuya. Mira de nuevo esta noche a Jesús, el autor y consumador de tu fe, y dale gracias por haberte dado una fe igualmente preciosa que la de las almas que ya están en la gloria.
Fuente y atribución
Autor original: Charles Spurgeon
Título original: May 2 — Evening
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Charles Spurgeon, publicado originalmente en Grace Gems.