El verdadero creyente en Jesús es un hombre lleno de gracia. Es un alma viviente, partícipe de una naturaleza nueva y divina, y depositario de un tesoro celestial y precioso. Pero la gracia es algo ajeno al estado natural del hombre: no nace con él, ni puede heredarla por linaje. Ningún padre, por santo que sea, puede transmitir una partícula de esa santidad a sus hijos. Mas ved cómo este misterio se aclara en la conversación de Jesús con la mujer samaritana, sentado cansado junto al pozo de Jacob: «Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: Dame de beber, tú le pedirías, y él te daría agua viva». Esta es la gracia de la que hablamos, y esta es la fuente de donde mana en los corazones de los verdaderamente regenerados.
En ti, lector cristiano, es un «manantial de agua» que salta, un pozo que brota hacia arriba y asciende hasta la fuente de donde procede. ¡Bienaventuradas palabras: «que salta para vida eterna»! Así como el primer rubor de la mañana es parte del día, el menor amanecer de gracia en el alma es una porción del cielo. ¡Qué carácter tan elevado y qué hombre tan envidiable es el verdadero cristiano! Todos los recursos del Dios trino se unen para llenar este vaso de barro. Ningún ángel del cielo contiene un tesoro tan costoso y precioso como ese pobre pecador creyente que, acercándose a los pies del Salvador y bañándolos con lágrimas de arrepentimiento y amor, puede exclamar: «¿A quién tengo en los cielos sino a ti? Y fuera de ti nada deseo en la tierra».
Pero ¡qué profunda humildad debe distinguir al verdadero cristiano! La gracia que posees es una gracia comunicada: todo lo que en nosotros es santo y grato no brota de nuestra naturaleza caída, sino que, como todo don bueno y perfecto, desciende del Padre de las luces. Es el desbordamiento espontáneo del corazón de Dios, el don libre e inmerecido de su misericordia soberana. Entonces, ¡qué mansedumbre de corazón, qué humildad profunda debe marcarte! ¡Qué postración de toda forma de yo: confianza propia, ambición propia, jactancia propia! Como corresponde a quienes nada tienen que no hayan recibido, y a quienes solo la gracia libre y soberana ha distinguido de los demás.
Fuente y atribución
Autor original: Octavius Winslow
Título original: Evening Thoughts - February 4
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Octavius Winslow, publicado originalmente en Grace Gems.