Todas las cosas, cuantas hay en el cielo y en la tierra, no son tan gran manifestación del amor libre de Dios como el don de su Hijo coigual para ser la expiación en la cruz por el pecado del hombre; y todo lo demás sigue a la unión con él y al interés en él. Todas las cosas, todo lo que puede ser causa o medio de algún bien real para el cristiano fiel. El que nos ha preparado una corona y un reino nos dará lo que necesitamos en el camino hacia ellos. Los hombres pueden justificarse a sí mismos, aunque las acusaciones pesen con toda su fuerza contra ellos; pero si Dios justifica, eso lo responde todo. Por Cristo estamos así asegurados. Por el mérito de su muerte él pagó nuestra deuda. Sí, más bien, resucitó. Esta es una evidencia convincente de que la justicia divina quedó satisfecha. Tenemos tal Amigo a la diestra de Dios; todo poder le ha sido dado. Él está allí, haciendo intercesión. ¡Creyente! ¿dice tu alma dentro de ti: Oh, ¡que él fuera mío! y oh, ¡que yo fuera suyo!; ¡que pudiera agradarle y vivir para él! Entonces no agites tu espíritu ni perplejes tus pensamientos en dudas inútiles e interminables, sino, convencido de tu impiedad, cree en aquel que justifica al impío. Estás condenado, y sin embargo Cristo murió y resucitó. Huye a él como tal. Habiendo Dios manifestado su amor al entregar a su propio Hijo por nosotros, ¿podemos pensar que algo aparte o anule ese amor? Las aflicciones ni causan ni muestran disminución alguna de su amor. De todo lo que los creyentes puedan ser separados, queda lo suficiente. Nadie puede arrebatar a Cristo del creyente: nadie puede arrebatar al creyente de él; y eso basta. Todos los demás peligros no significan nada. ¡Ay, pobres pecadores! Aunque abundéis en las posesiones de este mundo, ¡qué cosas tan vanas son! ¿Podéis decir de alguno de ellos: ¿Quién nos separará? Podéis ser quitados de moradas agradables, de amigos y de bienes. Podéis incluso vivir para ver y buscar vuestra separación. Al fin debéis separaros, porque debéis morir. Entonces adiós a todo lo que este mundo considera más valioso. ¿Y qué os queda, pobre alma, que no tenéis a Cristo, sino aquello de lo que con gusto os separaríais y no podéis: la culpa condenatoria de todos vuestros pecados! Pero el alma que está en Cristo, cuando otras cosas le son arrebatadas, se apega a Cristo, y estas separaciones no le causan dolor. Sí, cuando llega la muerte, que rompe toda otra unión, aun la del alma y el cuerpo, lleva el alma del creyente a la unión más estrecha con su amado Señor Jesús, y al pleno disfrute de él para siempre.
Capítulo 9
La preocupación del apóstol porque sus compatriotas eran ajenos al evangelio (
Fuente y atribución
Autor original: Religious Tract Society
Título original: Devotional and Practical Commentary — Romans 8:32-39
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Religious Tract Society, publicado originalmente en Grace Gems.