Porciones diarias

Ni la oscuridad más densa apaga el amor de Cristo

Si alguna vez fuimos acercados a Cristo por la fe viva, jamás podrá haber separación final. Aun en la hora más oscura hay un suspiro del alma hacia él, prueba de que permanecemos unidos.

Que esto nunca se olvide: si alguna vez hemos sido acercados al Señor Jesucristo por los actos de una fe viva, jamás podrá haber separación final y real de él. En los momentos más oscuros, en las horas más desoladoras, bajo los ejercicios más dolorosos y las tentaciones más ardientes, hay, como con Jonás en el vientre del abismo, una mirada de nuevo hacia el santo templo. Hay a veces un suspiro, un clamor, un gemido, un derramar del deseo del corazón por «conocerle, y el poder de su resurrección»; que él nos atraiga hacia sí y haga su persona preciosa a nuestras almas. Y esos mismos clamores y suspiros, gemidos y respiraciones, todo prueba que, cualquiera que sea la oscuridad de mente, la culpa de conciencia o la incredulidad que sintamos, no hay separación real.

Es en la gracia como en la naturaleza: las nubes no borran el sol; sigue en el cielo, aunque a menudo corten sus rayos luminosos. Y así con el bendito Sol de justicia: nuestra incredulidad, nuestra ignorancia, nuestra oscuridad de mente, nuestra culpa de conciencia, nuestras muchas tentaciones, no borran al Sol de justicia del cielo de la gracia. Aunque espesas nubes se interpongan entre él y nosotros y nos hagan sentir como si él hubiera sido borrado, o al menos como si nosotros lo hubiéramos sido de su memoria, con todo, por misericordia, donde la gracia comenzó la obra, la gracia la lleva adelante: «estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo».

Fuente y atribución

Autor original: J. C. Philpot

Título original: May 2

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.

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