Flores de un jardín puritano

No alteremos la receta divina del evangelio

Spurgeon advierte contra alterar la Palabra de Dios, comparando la predicación con la receta de un médico que ni el farmacéutico ni el paciente deben modificar.

«Las prescripciones de un médico no deben ser alteradas, ni por el boticario ni por el paciente. Del mismo modo, nosotros, los predicadores, no debemos alterar las prescripciones de Dios; ni tampoco vosotros, los oyentes. No debemos rehuir el declarar, ni vosotros el recibir, todo el consejo de Dios.»

Vale tanto como la vida del alma de un hombre alterar una sola palabra de la propia escritura del Señor. Quitar a las Escrituras, o añadirles, está prohibido; y amenazado con las penalidades más severas.

No es asunto nuestro mejorar el evangelio, sino repetirlo cuando predicamos, y obedecerlo cuando escuchamos. El evangelio, todo el evangelio, y nada más que el evangelio, debe ser nuestra religión, o somos hombres perdidos.

¡Imagínese un boticario alterando los ingredientes de una medicina para acomodarla a sus propias ideas! Pronto lo juzgaríamos por homicidio; y con seguridad merecería ser juzgado por un cargo aún mayor, si un paciente muriera por su necedad.

La prescripción del evangelio es tal que una omisión o una adición pueden pronto convertir en motivo de muerte aquello que fue ordenado para vida. No podemos intentar ser más sabios que Dios, pues la idea entraña blasfemia. No; es nuestro seguir nuestra copia al pie de la letra, suceda lo que suceda.

Señor, en mi enseñanza me he mantenido siempre en lo que Tú has dicho; y por ello los hombres me consideran anticuado y atrasado respecto a la época. Dame gracia para continuar así. Nunca aspire yo a ejercer una nueva farmacia, sino que pueda yo dispensar fielmente Tu propia y antigua receta, invariable, de salvación por gracia mediante la fe.

Fuente y atribución

Autor original: Charles Spurgeon

Título original: We would soon have him on trial for manslaughter!

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Charles Spurgeon, publicado originalmente en Grace Gems.

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