La Hora de Silencio

No desprecies a ninguno de los pequeños de Dios

El pequeño puede ser un discípulo débil o un alma caída y marginal; en ambos, Cristo ve a sus joyas, y a quien los sirva con amor, Él lo recompensa con gozo eterno.

«Mirad que no tengáis en poco a uno de estos pequeños.» Mateo 18:10

El pequeño puede ser un discípulo débil y atrasado. Me prueba hondamente con su ignorancia, sus errores, sus desalientos y recelos. Pero los pies polvorientos de Cristo son miembros de su cuerpo, no menos que las manos activas y la mente pensante. No tenga yo en menosprecio esos pies polvorientos y desgastados por el camino. Lávalos tiernamente en las aguas refrescantes del amor.

El pequeño puede ser un alma pecadora y marginada. Bien está —pero este alma, cubierta de terrestrialidad, hundida en la degradación, puede ser uno de los diamantes y rubíes del Rey de reyes. Si yo me tomo el trabajo con ella, si me propongo pulirla y darle brillo, puede resplandecer y centellear en la diadema que adorna la frente del Señor para siempre jamás. Y entonces yo habré alegrado dos corazones eternamente —el corazón humano que he ayudado a llevar a Jesús, y el corazón divino de mi Salvador Cristo.

Por tanto, guárdeme yo de despreciar a uno de los pequeños de Dios. No puedo calcular el valor que Él les atribuye, el amor que les profesa, el porvenir que vislumbra en ellos.

Fuente y atribución

Autor original: Alexander Smellie

Título original: The Hour of Silence — Matthew 18:10

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Alexander Smellie, publicado originalmente en Grace Gems.

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