«Si un hombre prende fuego a su casa, responde ante la ley. Pero si el fuego es provocado por otros o por accidente, se le compadece y se le ayuda.»
Debemos tomar nuestra cruz cuando nos es puesta sobre los hombros por la providencia de Dios; pero no debemos buscarnos problemas a nosotros mismos. No hemos de llenar nuestra propia copa con hiel y amargura, sino beberla cuando Dios pone en nuestra mano una bebida amarga. Debemos enfrentar la tentación y vencerla; pero no podemos aventurarnos en la tentación por cuenta propia, so pena de lamentar nuestra temeridad.
La figura de la casa en llamas es muy apropiada y admite muchas ilustraciones. Un hombre que se entrega a los licores fuertes prende fuego a su propia casa, y, sea cual fuere el resultado de su intemperancia, solo puede culparse a sí mismo. Así también, quien lee libros escépticos o frecuenta la sociedad de los incrédulos no merece compasión si pierde la fe y el consuelo, pues corre un riesgo inútil y temerario.
Ser sorprendido por una tentación feroz es semejante a un edificio al que una mano maliciosa le prende fuego, y eso es una calamidad dolorosa. Pero entrar voluntariamente en la tentación es otra cosa, y se compara con el crimen de incendio premeditado, en el que un hombre reúne materiales combustibles y los enciende en secreto para que su casa se queme por completo.
Señor, guárdame para siempre de ser mi propio destructor. Que no ocurra que, como Absalón, haga crecer mi cabello para mi propia horca. «¡Que ninguna iniquidad tenga dominio sobre mí!»
Fuente y atribución
Autor original: Charles Spurgeon
Título original: Absalom's hair!
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Charles Spurgeon, publicado originalmente en Grace Gems.