Mañana y noche

No esperes una señal, confía hoy en el Salvador presente

Muchos aguardan emociones extraordinarias o milagros mientras desprecian al Salvador presente que puede sanarlos al instante; la fe en Él es el camino seguro a toda bendición.

Como muchos otros, el hombre impedido había estado esperando que se obrara un milagro y se le diera una señal. Cansadamente miraba el estanque; pero ningún ángel venía, o no venía por él. Sin embargo, pensando que era su única oportunidad, esperaba aún, sin saber que había Uno cerca de él cuya palabra podía sanarle en un instante.

Muchos están en la misma situación: esperan alguna emoción singular, impresión notable o visión celestial; esperan en vano y vigilan sin nada. Aun suponiendo que, en algunos casos, se vean señales notables, estas son raras, y ningún hombre tiene derecho a esperarlas en su propio caso.

Es una reflexión muy triste que decenas de miles esperan ahora en el uso de medios, ordenanzas, votos y resoluciones, y han esperado así en vano, totalmente en vano. Mientras tanto, estas pobres almas olvidan al Salvador presente, que les manda mirar a Él y ser salvos. Él podría sanarlos al momento, pero prefieren esperar un ángel y un milagro. Confiar en Él es el camino seguro a toda bendición, y Él es digno de la más plena confianza; pero la incredulidad les hace preferir los pórticos fríos de Betesda al seno cálido de Su amor.

¡Ojalá que el Señor vuelva Su mirada sobre las multitudes que están en este estado esta noche! Que Él perdone los agravios que hacen a Su poder divino, y los llame con esa dulce voz que todo lo constriñe, a levantarse del lecho de la desesperación, y en la energía de la fe tomar su lecho y andar. ¡Oh Señor, escucha nuestra oración por todos los tales en esta hora serena del ocaso, y antes de que rompa el día, que ellos miren y vivan! Querido lector, ¿hay algo en esta porción para ti?

Fuente y atribución

Autor original: Charles Spurgeon

Título original: May 7 — Evening

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Charles Spurgeon, publicado originalmente en Grace Gems.

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