«Echaréis a todos los moradores de la tierra de delante de vosotros… Y si no echareis a los moradores de la tierra de delante de vosotros, sucederá que los que dejareis que queden serán aguijones en vuestros ojos y espinas en vuestros costados, y os afligirán en la tierra en que vosotros habitareis.» Números 33:52, 55
«Manasés no echó a los moradores de Bet-seán… de modo que ya no pudieron sostenerse delante de sus enemigos.» Jueces 1:27, 2:14
Lo mismo se ha de observar en las santas y espirituales batallas del Señor. Quien lucha únicamente contra los pecados externos está muy poco, o nada en absoluto, familiarizado con los peligrosos enemigos de su corazón o con la profunda corrupción del pecado original; y así el tentador puede fácilmente ganar ventaja sobre él. Los cristianos experimentados se guardan más de los asaltos interiores de la maldad; no están en paz con pecado alguno, sino que mantienen una guerra constante contra todas sus concupiscencias más sutiles y queridas. Sin embargo, aunque los cananeos, nuestros enemigos innatos, deben ser conquistados, habitarán en la tierra y no pueden ser totalmente arrojados del seno, lo cual hace que la guerra cristiana continúe hasta la muerte; aun así, dame gracia, Señor, para nunca perdonar mis concupiscencias o malas inclinaciones, sino mirar a ti para destruirlas sin demora, a fin de que yo no sea destruido por ellas. Dame una profunda santificación interior; así serán santos mis labios.
Fuente y atribución
Autor original: Carl Heinrich von Bogatzky
Título original: A Golden Treasury for the Children of God — June 18
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Carl Heinrich von Bogatzky, publicado originalmente en Grace Gems.