Mañana y noche

No hay excusa para el temor cuando Dios es nuestra confianza

Con un Dios tan digno de confianza, el creyente debe echar fuera toda incredulidad y descansar en la fortaleza eterna del Señor.

Puesto que tenemos tal Dios en quien confiar, reposemos sobre Él con todo nuestro peso; echemos resueltamente fuera toda incredulidad y esforcémonos por deshacernos de las dudas y los temores, que tanto menoscaban nuestro consuelo; pues no hay excusa para el temor cuando Dios es el fundamento de nuestra confianza.

Un padre amoroso se afligiría sobremanera si su hijo no pudiera confiar en él; ¡y cuán desleal, cuán ingrata es nuestra conducta cuando ponemos tan poca confianza en nuestro Padre celestial, que nunca nos ha fallado ni nunca nos fallará! Sería un bien que la duda fuera desterrada de la casa de Dios; pero se teme que la vieja Incredulidad sea tan ágil hoy como cuando el salmista preguntó: «¿Ha desaparecido para siempre su misericordia? ¿Será favorable ya no más?».

David no había probado por mucho tiempo la espada poderosa del gigante Goliat, y sin embargo dijo: «¡No hay otra como ella!» La había probado una vez en la hora de su victoria juvenil, y se había demostrado que era del metal adecuado, y por eso la alabó siempre después; así también deberíamos hablar bien de nuestro Dios: no hay nadie semejante a Él en el cielo arriba ni en la tierra abajo: «¿A quién, pues, me compararéis, o con quién me igualaréis? dice el Santo». ¡No hay roca como la roca de Jacob!

Lejos de permitir que las dudas vivan en nuestros corazones, tomaremos a toda esa turba detestable, como Elías hizo con los profetas de Baal, y los degollaremos junto al torrente. Y para tener un arroyo en que matarlos, elegiremos el torrente sagrado que brota del costado herido de nuestro Salvador. Hemos pasado por muchas pruebas, pero nunca hemos sido lanzados donde no pudiéramos hallar en nuestro Dios todo lo que necesitábamos. ¡Animémonos, pues, a confiar en el Señor para siempre, seguros de que su fortaleza eterna será, como ha sido, nuestro sostén y nuestra firmeza!

Fuente y atribución

Autor original: Charles Spurgeon

Título original: July 5 — Evening

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Charles Spurgeon, publicado originalmente en Grace Gems.

Comparte esta lectura