Aquí tenemos al bendito Jesús, el Cordero de Dios, llevado como un cordero al matadero, al sacrificio. Aunque muchos lo reprochaban y lo vituperaban, algunos se compadecieron de él. Pero la muerte de Cristo fue su victoria y triunfo sobre sus enemigos: fue nuestra liberación, la adquisición de vida eterna para nosotros. Por tanto, no lloren por él, sino lloremos por nuestros propios pecados, y por los pecados de nuestros hijos, que causaron su muerte; y lloremos por temor de las miserias que traeremos sobre nosotros mismos si despreciamos su amor y rechazamos su gracia.
Si Dios lo entregó a padecimientos como estos, porque fue hecho sacrificio por el pecado, ¿qué hará con los pecadores mismos, que se hacen un árbol seco, una generación corrompida y perversa, y buena para nada?
Los amargos padecimientos de nuestro Señor Jesús deberían hacernos estar en temor de la justicia de Dios. Los mejores santos, comparados con Cristo, son árboles secos; si él padece, ¿por qué no pueden ellos esperar padecer? ¡Y qué será entonces la condenación de los pecadores! Aun los padecimientos de Cristo predican terror a los transgresores obstinados.
La crucifixión, el malhechor arrepentido (
Fuente y atribución
Autor original: Religious Tract Society
Título original: Devotional and Practical Commentary — Luke 23:26-31
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Religious Tract Society, publicado originalmente en Grace Gems.