«No me desampares, oh Jehová; no te alejes de mí, Dios mío». Salmo 38:21
Con frecuencia oramos para que Dios no nos desampare en la hora de la prueba y la tentación; pero olvidamos demasiado que necesitamos elevar esta oración en todo tiempo. No hay momento alguno de nuestra vida, por santo que sea, en que podamos prescindir de su sostenimiento constante. Ya sea en luz o en tinieblas, en comunión o en tentación, igualmente necesitamos la oración: «¡No me desampares, oh Jehová!».
Un niño pequeño, mientras aprende a caminar, necesita siempre la ayuda de sus padres. La nave dejada por el piloto se desvía al instante de su rumbo. Así también nosotros no podemos sobrevivir sin el auxilio continuo de Dios.
Sea esta tu oración hoy: «¡No me desampares, oh Jehová! Padre, no desampares a tu hijo, no sea que caiga en mano del enemigo. Pastor, no desampares a tu cordero, no sea que se aparte de la seguridad del redil. Gran Jardinero, no desampares tu planta, no sea que se marchite y muera. ¡No me desampares ahora, oh Señor! Y no me desampares en ningún instante de mi vida. No me desampares en mis gozos, no sea que absorban mi corazón. No me desampares en mis tristezas, no sea que murmure contra ti. No me desampares, porque mi camino es peligroso y está lleno de lazos, y no puedo transitarlo sin tu guía. No me desampares, porque sin ti soy débil, mas contigo soy fuerte. No te alejes de mí, oh Señor, porque la angustia está cerca y no hay quien me ayude. ¡No me dejes, ni me desampares, Dios de mi salvación!».
«Sosténme, y estaré a salvo». Salmo 119:115
Fuente y atribución
Autor original: Charles Spurgeon
Título original: Spurgeon Treasures — Do not forsake me, O Lord!
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Charles Spurgeon, publicado originalmente en Grace Gems.