El Espíritu Santo aún no había descendido sobre ninguno de estos convertidos, en los poderes extraordinarios transmitidos por el descenso del Espíritu en el día de Pentecostés. Podemos tomar aliento de este ejemplo, orando a Dios para que conceda las gracias renovadoras del Espíritu Santo a todos por cuyo bienestar espiritual nos interesamos; pues ello incluye toda bendición. Ningún hombre puede dar el Espíritu Santo por la imposición de sus manos; pero debemos emplear nuestros mejores esfuerzos para instruir a aquellos por quienes oramos. Simón Mago era ambicioso de tener el honor de un apóstol, pero no le importaba en absoluto tener el espíritu y la disposición de un cristiano. Estaba más deseoso de ganar honor para sí mismo, que de hacer bien a otros. Pedro le muestra su delito. Él estimó las riquezas de este mundo como si respondieran por las cosas relativas a la otra vida, y como si compraran el perdón del pecado, el don del Espíritu Santo y la vida eterna. Este fue un error tan condenatorio que de ningún modo podía consistir con un estado de gracia. Nuestros corazones son lo que son a la vista de Dios, que no puede ser engañado. Y si no están rectos ante su vista, nuestra religión es vana, y de nada nos aprovechará. Un corazón orgulloso y codicioso no puede estar bien con Dios. Es posible que un hombre continúe bajo el poder del pecado, y sin embargo revista una forma de piedad. Cuando seamos tentados con dinero para hacer el mal, veamos cuán perecedera cosa es el dinero, y lo despreciemos. No pensemos que el cristianismo es un oficio para vivir en este mundo. Hay mucha maldad en el pensamiento del corazón, en sus nociones falsas, sus afectos corruptos y sus proyectos perversos, de lo cual debemos arrepentirnos o estamos perdidos. Pero será perdonado, con nuestro arrepentimiento. La duda aquí es acerca de la sinceridad del arrepentimiento de Simón, no de su perdón, si su arrepentimiento fue sincero. Concédenos, Señor, otra clase de fe que aquella que solo hizo que Simón se maravillara, y no santificó su corazón. Que aborrezcamos todo pensamiento de hacer que la religión sirva a los propósitos del orgullo o la ambición. Y guárdanos de ese sutil veneno del orgullo espiritual, que busca gloria para sí mismo aun en la humildad. Que busquemos solo el honor que viene de Dios.
Felipe y el etíope (
Fuente y atribución
Autor original: Religious Tract Society
Título original: Devotional and Practical Commentary — Acts 8:14-25
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Religious Tract Society, publicado originalmente en Grace Gems.