Lecturas bíblicas diarias en la vida de Cristo

No te afanes por el mañana y confía en tu Padre celestial

Dios nos dio mente para pensar y planear con prudencia, no para vivir en ansiedad. La preocupación revela que confiamos más en las riquezas que en el amor fiel de nuestro Padre celestial.

Claro que debemos pensar en estas cosas. ¿Para qué fuimos creados con inteligencia — si no hemos de pensar con ella? Sería como si Dios nos mandara no caminar — después de habernos dado pies; o no hablar — después de habernos dado lengua. Debemos entrenar nuestra mente y pensar con ella, y pensar también en el futuro — trazando planes que alcancen lejos en los años que tenemos por delante. Lo que se prohíbe no es la previsión — sino la ansiedad afanosa y el temor. Veremos, según avancemos, qué debemos hacer en lugar de afanarnos. Por ahora, retengamos la lección sencilla: nunca hemos de preocuparnos. Esta no es una regla con excepciones. No es un fragmento de credo que no funciona en la vida real. Es una lección que hemos de esforzarnos por vivir en todos nuestros días, por más llenos que estén de cosas capaces de afanarnos.

Pero, ¿por qué no hemos de preocuparnos? El «por tanto» nos ayuda a hallar la respuesta: «No podéis servir a Dios y a las riquezas. Por tanto, no os afanéis». Así, pues, la preocupación parece ser servir a las riquezas. Decimos que somos hijos de Dios — y, sin embargo, cuando las riquezas parecen estar a punto de faltarnos, nos afanamos. En la práctica, entonces, ¡confiamos más en las riquezas que en nuestro Padre celestial! Nos sentimos más seguros cuando la abundancia de las riquezas llena nuestras manos — que cuando las riquezas amenazan con faltarnos y solo nos queda Dios. Es decir, confiamos en Dios y en las riquezas. La ansiedad por el suministro de nuestras necesidades es, por lo tanto, desconfianza de nuestro Padre celestial.

Si sirviéramos solo a Dios, no nos afanaríamos aunque no tuviéramos ni pan para mañana; creeríamos en el amor de nuestro Padre. El dinero podemos perderlo cualquier día, pues «las riquezas se hacen alas; vuelan como águila hacia el cielo»; pero a Dios nunca podemos perderlo. Nada puede robarnos su amor, ni arrebatarle la abundancia que posee para suplir nuestras necesidades. Así que, si confiamos en Dios — nunca deberíamos afanarnos, aunque no tuviéramos nada más.

Fuente y atribución

Autor original: J. R. Miller

Título original: Do Not Worry

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. R. Miller, publicado originalmente en Grace Gems.

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