Destellos desde las ventanas de la vida

Nuestra influencia perdura más allá de la muerte

Las palabras, las canciones y los actos de bien que realizamos en vida no se detienen al morir, sino que siguen obrando en otros corazones hasta el fin de los tiempos.

Influencia después de nuestra muerte

Uno planta un árbol y, mucho tiempo después de su muerte, los cansados descansan al mediodía bajo su sombra, y recogen sus frutos para saciar su hambre.

Así también, las cosas que hacemos en la tierra no dejan de tener influencia después de nuestra muerte.

Cada palabra buena pronunciada en este mundo, cada dulce canción entonada, cada pensamiento santo o impulso de bendición que se ponga en marcha, seguirá y seguirá hasta el fin de todas las cosas. En este sentido, nuestras obras nos seguirán. Las cosas que hacemos para Cristo aquí, las inspiraciones que depositamos en vidas inmortales, las lecciones que enseñamos, las influencias de bien que iniciamos, no morirán con nosotros.

David ha estado muerto casi tres mil años, y sin embargo sus palabras lo siguen en todas las tierras cristianas; a medida que se cantan sus canciones, su influencia respira a través de millones de corazones. Pablo ha estado muerto muchos siglos, pero sus obras lo siguen adondequiera que sus palabras son leídas.

Así también, el creyente más humilde que vive y pone en marcha aun una sola palabra bondadosa, o un solo impulso útil, ha iniciado obras que lo seguirán hasta el fin del tiempo. Nuestra vida no se apaga de este mundo cuando lo dejamos.

Fuente y atribución

Autor original: J. R. Miller

Título original: influence after our death

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. R. Miller, publicado originalmente en Grace Gems.

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