No hay ni una sombra de duda en la seguridad del cristiano. No hay ningún eslabón roto ni débil en la cadena que une al creyente con la bienaventuranza eterna. No falta ni un solo peldaño en la escalera que sube desde las profundidades del pecado hasta las alturas de la gloria. «Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo. Y a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificó». Romanos 8:29-30. Estos son los eslabones de la esperanza cristiana tal como los vio Pablo. En las palabras del texto de hoy tenemos los mismos eslabones tal como se presentaron a los ojos de nuestro Salvador. La seguridad es que Cristo nunca perderá ninguna alma que se encomiende a Él para su salvación.
Un viejo marinero cristiano lo expresó muy bien. Cuando le preguntaron si sentía miedo cuando las tormentas estaban muy furiosas, respondió que, según la Biblia, Dios sostiene las aguas «en el hueco de su mano»; y aun cuando el barco se hundiera y él cayera al mar, simplemente caería en la mano de su Padre. Eso es lo que es la muerte para un cristiano, sin importar cómo ni dónde muera: entregar su alma en las manos de Dios.
La tumba parece oscura, pero aquí tenemos la propia promesa de Cristo de que ni uno solo de los suyos se perderá ni quedará abandonado en la tumba. No importa dónde muramos ni dónde repose nuestro cuerpo; tenemos la palabra del Salvador, la cual conviene recibir con sencillez, sin cuestionamientos ni dudas: «No perderé yo nada de todo lo que él me ha dado, sino que lo resucitaré en el día postrero». Juan 6:39
Fuente y atribución
Autor original: J. R. Miller
Título original: Our Security
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. R. Miller, publicado originalmente en Grace Gems.