Nuestro «aguijón» puede ser para nosotros una bendición, o puede hacernos un daño irreparable; cuál de los dos resultados dependerá de nosotros mismos.
«Me fue dado un aguijón en la carne, un mensajero de Satanás que me abofetee, para que no me ensoberbezca.» 2 Corintios 12:7
Si permitimos que nos irrite; si nos impacientamos, resistimos y nos quejamos; si perdemos la fe y perdemos el ánimo, arruinará nuestra vida. Pero si lo aceptamos con la fe de que, en su carga amarga, encierra una bendición para nosotros; si lo soportamos con paciencia, sumisión y sin murmuraciones; si buscamos la gracia para mantener nuestro corazón manso y verdadero en medio de toda la prueba, tentación y sufrimiento que nos causa, entonces obrará bien, y de su amargura saldrá fruto dulce.
La responsabilidad es nuestra, y debemos relacionarnos de tal manera con nuestro «aguijón» y con Cristo que de él nos vengan crecimiento y bien, y no daño ni desmedro. Tal debilidad es bendecida únicamente si alcanzamos la victoria sobre ella por la fe en Cristo.
«Pero él me ha dicho: «Bástate mi gracia, porque mi poder se perfecciona en la debilidad.» Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que habite en mí el poder de Cristo.» 2 Corintios 12:9
Fuente y atribución
Autor original: J. R. Miller
Título original: Our "thorn"
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. R. Miller, publicado originalmente en Grace Gems.