De verdad, oh mundanos, os compadezco. Ahora parecéis grandes y llenos de gozo. Pero, aunque brilláis por fuera, hay un espantoso vacío dentro. Si solo en esta vida tuviera esperanza, sería el más miserable de todos los hombres; pues lo mayor que podría esperar o desear aquí abajo es trivial en comparación con las cosas grandes y gloriosas de la eternidad que aspiro. ¿De qué me serviría la vida si no viviera para morir, a fin de vivir para siempre? ¿Qué sería mi tiempo sino una rotación de fatigas y afanes, si no me ofreciera la oportunidad de prepararme y aprovechar para la eternidad? ¡Cómo me atormentaría todo pensamiento anticipado acerca de esta vida presente, si no me sostuviera la firme esperanza de un mundo futuro!
En cuanto a mí, no desearía un infierno peor que aquel en el que mi morada eterna estuviera entre los impíos en Mesec, donde mis corrupciones indomeñadas y mis afectos carnales se perpetuaran. Pero sé en quién he creído, y que él no tardará en juntar sus ovejas dispersas, para que haya un solo Pastor y un solo rebaño en los campos de arriba. La eternidad ya ha comenzado en mi alma, y mi interior se refresca con primicias de fruición y gloria. De aquí que mis pensamientos alzan el vuelo más allá de los límites del tiempo, y habitan (¡ay!, demasiado brevemente) entre las glorias del mundo mejor. De aquí estoy contento con mi estado presente, y no cambiaría mi condición con los reyes. De aquí los primeros destellos de aquel día bendito, cuando mi Amado y yo nos encontremos para no separarnos más, refrescan y arrebatan toda mi alma. De aquí triunfo en medio de todas las transitorias escenas de dolor que padezco; y no me conmuevo ni por el reproche injusto ni por el aplauso vano.
¡Oh la vacuidad de este mundo presente! ¡Pero oh las excelencias del mundo venidero! Fe y esperanza, traedme algunos de los primeros frutos maduros, algunos de los racimos de Escol. Ciertamente, este mundo sería un desierto para mí, si no me considerara solo un viajero que lo atraviesa, como un caminante que solo ha de detenerse en él unas pocas noches.
Hay una inquietud en mi pecho que jamás será removida hasta que descanse en Dios. Sí, aun ahora, Dios es el lugar de reposo de mi alma; de otro modo, sería atormentado con fuerte dolor y desgarrado por agonías de la mente. Sin embargo, la calma y tranquilidad más placentera que gozo aquí, a causa de las imperfecciones de este estado y la corrupción restante, dista mucho de ser completa en lo mejor, y muchas veces se interrumpe. Pero el reposo que aguardo es refrescante, perfecto y eterno.
Apresura, pues, el día en que descendieras a sentarte en tu trono glorioso, y aparecieras por segunda vez, sin pecado, para salvación; cuando cumplirás todos mis deseos, llenarás mi alma anhelante, me admitieras a la más íntima comunión y me satisficieras con la más sublime bienaventuranza. Por esto espero pacientemente. Entretanto, atesoro mis tesoros en el cielo, donde habito por la esperanza, y he tomado mi mansión por la fe en la promesa, hasta que llegue el día de mi solemne traslado, cuando, por mandato divino, sea llevado a la tierra del descanso.
¡Miserables son aquellos que no tienen gozo en la perspectiva de un mundo venidero, sin el cual yo sería tragado por la tristeza! ¡Miserables los que hallan su placer y ponen su dicha en los oropeles pintados de una vida momentánea, pero son atormentados con los pensamientos de la eternidad, y puestos en el potro si echan una mirada más allá del sepulcro!
Fuente y atribución
Autor original: James Meikle
Título original: Our only joy in view of the world to come
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de James Meikle, publicado originalmente en Grace Gems.