Considera a Jesús

Nunca estás solo porque el Padre está contigo

Jesús nunca estuvo menos solo que cuando dijo que le dejarían solo, porque el Padre estaba con Él. En la soledad más profunda, Cristo se acerca al corazón herido para ocupar el lugar vacío.

Hay una dulzura en cada copa, una luz en cada nube, una presencia en cada soledad de la experiencia cristiana. Así fue con Jesús, que formará a todos sus seguidores a imagen suya. Acabamos de considerarlo en la soledad, abandonado de los hombres, desamparado de Dios. Mas ahora viene el alivio: el endulzamiento de lo amargo, el dorado de la nube, el consuelo de la soledad. Nunca estuvo menos solo que en el momento en que dijo con tristeza a sus discípulos que se retiraban: «Me dejaréis solo», pues, como si se recobrase enseguida del doloroso sentido del desamparo del hombre, añadió: «Y sin embargo, no estoy solo, porque el Padre está conmigo». No; Jesús nunca estuvo realmente solo. Aun huyendo de la sociedad humana y sumergiéndose en la soledad más profunda, como solía hacer, la presencia de su Padre estaba allí para endulzarla y consolarla, para reanimarlo y fortalecerlo en la obra que le había encomendado.

Ni estás tú realmente solo, oh hijo de Dios. Solo, en verdad, puedes estar en cuanto a compañía, cariño y simpatía humanos; y no debes menospreciar esta prueba del espíritu. Acaso el Señor te haya dado por naturaleza un corazón confiado, cálido y adherente, que anhela compañía y busca un amigo amante y simpatizante con quien compartir los pensamientos y emociones propios. Pero la bendición no te es concedida; o, si una vez la poseíste y gozaste, ya no la posees ni gozas: el frío de la muerte, o el frío aún más doloroso del cariño alienado y la amistad cambiada, ha dejado tu corazón como un árbol de otoño, despojado de su follaje, por cuyas ramas desnudas aúlla lastimeramente el viento invernal.

Mas esta disciplina de los afectos, aunque intensamente dolorosa para un corazón sensible como el tuyo, puede resultar una de las más costosas bendiciones para el alma. Un corazón saciado con la criatura tiene poco o ningún lugar ni anhelo para Cristo. Y cuando el Señor se propone ser supremo y halla un rival entronizado o un ídolo en su lugar, lo aparta para hacer sitio para sí. Oh, es cuando el corazón está marchito como la hierba, cuando sus cuerdas están rotas y sus fibras desgarradas, y el silencio, la desolación y la soledad reinan dentro, herido por uno, traicionado por otro, abandonado por todos, que Jesús se acerca y ocupa el lugar vacío, quita el arpa del sauce, la repara y la reafina, y, respirando luego sobre sus cuerdas su propio dulce Espíritu, la despierta a las armonías más ricas de alabanza, acción de gracias y amor. Padre mío, no puedo estar solo bendecido con tu presencia, consolado con tu amor, animado con tu comunión, guardado por tu poder, y sabiamente y tiernamente conducido por la soledad del desierto, hacia el hogar para estar contigo para siempre. «Cercano estás tú, oh Jehová».

Fuente y atribución

Autor original: Octavius Winslow

Título original: Consider Jesus– as Not Alone

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Octavius Winslow, publicado originalmente en Grace Gems.

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