«En mi corazón he guardado tus dichos, para no pecar contra ti!… Confirma tu palabra a tu siervo, que se dedica a tu temor…. Entonces no sería yo avergonzado, cuando considerase todos tus mandamientos…. Acuérdate de la palabra dada a tu siervo, en la cual me has hecho esperar…. Por el camino de tus mandamientos correré, cuando ensanches mi corazón.» Salmo 119:11, 38, 6, 49, 32
Los consuelos del evangelio nos impulsan dulcemente y con poder a la obediencia, y los terrores de la ley nos advierten contra el descansar en esa obediencia. Ambos, por tanto, son necesarios. Quien desprecia o descuida la obediencia alberga una noción falsa del evangelio y corre precipitadamente hacia la disolución y la ruina. Y quien se apoya en su obediencia para justificarse frustra el designio del evangelio y anula la gracia de Dios, tornándola ineficaz. Que el Señor nos guíe y nos guarde en el camino recto. Que Él sea nuestro guía y nuestro escudo, nuestro consuelo y nuestra gran recompensa. Que descansemos sencilla y únicamente en la obra acabada de Jesús para nuestra aceptación ante Dios, y entonces asiduamente atendamos a todos los preceptos de su santa Palabra, para su gloria. Ante Dios, no tendremos que ver con nada sino con Cristo; pero ante los hombres, nos esforzaremos por vivir sobria, justa y piadosamente, para que por nuestras buenas obras, ellos glorifiquen a nuestro Padre que está en los cielos.
Fuente y atribución
Autor original: Carl Heinrich von Bogatzky
Título original: A Golden Treasury for the Children of God — May 16
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Carl Heinrich von Bogatzky, publicado originalmente en Grace Gems.